"Dejen un mundo mejor del que les legaron"
Arthur Sackler a sus niños
SOBREVIVÍ
A LA CRISIS DE OPIOIDES. Escapé por poco. Salí de la oscuridad y corrí a
toda velocidad hacia El Mundo. Estaba aislada, pero me di cuenta de que
no estaba sola. Cuando terminé el tratamiento, me abrumaron los
informes de adictos que caían muertos por culpa de mi misma droga, OxyContin.
Aprendí
que la familia Sackler, cuyo nombre conocía de museos y galerías, fue
la responsable de la epidemia. Esta familia formuló, comercializó y
distribuyó OxyContin. Decidí darle luz al asunto.
Mi primera acción ha sido publicar fotografías personales de mi propia historia.
Mi
relación con el OxyContin comenzó hace varios años en Berlín.
Originalmente me fue recetado para una cirugía. Aunque lo tomé según las
indicaciones, me hice adicta de la noche a la mañana. Era la droga más
neta que había conocido. Cuarenta miligramos resultó demasiado fuerte,
pero a medida que crecía mi hábito nunca era suficiente. Al principio,
podía mantenerme. Luego se volvió más y más desastroso. Conseguí
recetas por todo Berlín. Cuando eso se acabó, recurrí al envío por
correo. Eso funcionó hasta que se me acabó el cuento. La droga, como todas las
drogas, perdió su efecto, así que recogí el petate.
Regresé a
Nueva York. Mi distribuidor nunca se quedó sin Oxy y estaba disponible
las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Tenía recetas de sobra y amasó una brutal cantidad de dinero. Por cada centavo que gastaba en una
receta ganaba un dólar en el mercado negro. Pasé de tres pastillas por
día, según lo recetado, a dieciocho. Obtuve una beca privada y lo gasté
todo. Al igual que todos los adictos a los opiáceos, mi agobiante temor a
la abstinencia era mi motivación.
No me colocaba, pero no podía
enfermar. Mi vida giraba completamente en torno a obtener y tomar Oxy.
Contar y recontar, triturar y esnifar, ese era mi trabajo a tiempo completo.
Rara vez salía de la casa. Era como si estuviera confinada. Todo el
trabajo, todas las amistades, todas las noticias tuvieron lugar en mi
cama. Cuando me quedé sin dinero para Oxy cambié de droga. Terminé
inhalando fentanyl y tuve una sobredosis.
Quería limpiarme, pero
esperé un año para comenzar el tratamiento debido a mi temor a la
abstinencia. Luego, en Enero, fui a rehabilitación durante dos meses y
medio. Era una de las afortunadas que podía costearse una clínica excelente, lo cual no es una alternativa para la mayoría de la gente. Llevo
limpia casi un año. Dejar las drogas y mantenerse alejada de las drogas
son dos cosas diferentes, cada una dura a su manera. Pero volver no es
una opción. Me cortaron la beca y lamento el dinero que desperdicié.
Lamento el tiempo que perdí, que es irrecuperable. Ahora encuentro que
el mundo es difícil de soportar, pero tengo una claridad nítida y un
sentido del propósito.
Creo que se lo debo a los afectados por
esta epidemia, hacer política de lo personal. Leí los brillantes
artículos de Patrick Radden Keefe y Margaret Talbot (en el New Yorker) y
Christopher Glazek (en Esquire) y los interpreté como una llamada a las
armas. No conocía ningún movimiento político en este terreno similar a
ACT UP.
La mayoría de mi gente desapareció por culpa del SIDA. No puedo
quedarme de brazos cruzados y ver devastada otra generación.
Los
Sackler han hecho fortuna promoviendo la adicción. El OxyContin es uno
de los analgésicos más adictivos en la historia de la farmacología.
Anunciaron y distribuyeron su medicamento conocedores de todos sus
peligros. La familia Sackler y su compañía privada, Purdue Pharma,
construyeron su imperio a costa de la vida de cientos de miles. Los
cuerpos se están amontonando. En 2015, solo en los EE. UU., más de
treinta y tres mil personas murieron por sobredosis de opiáceos, la
mitad de ellos por opioides con receta; El 80 por ciento de los que
consumen heroína o compran fentanilo en el mercado negro se iniciaron con
una receta de opioides. Esas estadísticas están creciendo
exponencialmente.
Empecé un grupo, P.A.I.N. (Intervención de
adicción a la prescripción ahora), para señalarlos como responsables.
Para que nos escuchen nos centraremos en su filantropía. Han limpiado su
dinero sangriento a través de los salones de museos y universidades de
todo el mundo. Exigimos que los Sackler y Purdue Pharma utilicen su
fortuna para financiar el tratamiento y educación sobre la adicción. No
hay tiempo que perder.
Que cuando abandonemos el mundo lo hayamos convertido en un lugar mejor.
-
Nan Goldin, Nueva York, 2017