jueves, 29 de septiembre de 2016

Guadalupe Plata




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>Guadalupe Plta bandcamp
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>Masterclass: La guitarra pantanosa
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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Fur Bible, la aventura más desconocida de Kid y Patricia

The least known Kid & Patricia adventure



Kid Congo Powers (nombre original Brian Tristan) y Patricia Morrison (nombre original Patricia Rainone) tienen historias similares en el mundo de la música en su paso fugaz y cíclico por distintas formaciones de culto, una trayectoria en la que alguna vez se han cruzado. Ambos formaron parte de la primera eclosión del punk en Estados Unidos, Patricia como parte de la primera formación de The Bags, y Kid Congo fundando junto a Jeffrey Lee Pierce esa gloriosa mezcla loca de punk-blues que fueron The Gun Club, a los que se uniría parte de The Bags y más tarde la propia Patricia. Cuando The Gun Club atravesó una de sus muchas disoluciones, algo que tuvo que ver bastante con la cantidad de drogas y alcohol ingeridas por sus miembros, Kid Congo y Patricia formaron juntos un breve proyecto rocker-gótico bautizado como Fur Bible, que únicamente publicó en 1985 una grabación de 3 canciones y giró brevemente antes de funcionar eventualmente como banda para el sin par The Legendary Stardust Cowboy (aquel desquiciado y autoparódico personaje que inspiró en parte a Bowie para su Ziggy Stardust), para luego pasar a otras etapas. Kid, que en sus inicios ya había sido miembro de los Cramps, pasó a integrarse en la etapa berlinesa de Nick Cave & The Bad Seeds. Patricia fue reclutada como miembro de aquellos Sisters Of Mercy que tuvieron cierta repercusión comercial. Actualmente y tras otras muchas colaboraciones Kid Congo regenta su propia banda, Kid Congo & The Pink Monkey Birds, y Patricia se ha retirado tras formar parte de la histórica banda punk The Damned con cuyo cantante, Dave Vanian, está casada.

Kid Congo Powers (real name Brian Tristan) and Patricia Morrison (real name Patricia Rainone) have similar stories in the world of music as fleeting and cyclic members of some cult bands, a path in which they even crossed. Both were part of the first emergence of punk in the United States, Patricia as part of the first formation of The Bags, and Kid Congo as founder along Jeffrey Lee Pierce of that glorious insane mix of punk-blues that were The Gun Club, which was joined by part of The Bags and later Patricia herself. When The Gun Club went through one of its many splits, something that had a lot to do with the amount of drugs and alcohol consumed by its members, Kid Congo and Patricia formed together a short lived goth-rocker project named Fur Bible, which only published in 1985 a recording of 3 songs and played a few shows before working eventually as backing band for the Legendary Stardust Cowboy (that deranged and self-parody character who in part inspired Bowie for his Ziggy Stardust), then moving on to other projects. Kid, who had already been a member of The Cramps, was integrated in the Berlin times of Nick Cave & The Bad Seeds. Patricia was recruited as a member of Sisters Of Mercy, a band wich had some commercial impact. Currently, and after many other collaborations Kid Congo runs his own band, Kid Congo & The Pink Monkey Birds, and Patricia has retired after being part of the historical punk band The Damned with whose singer, Dave Vanian, she is married.





Fur Bible·'Plunder The Tombs'
Fur Bible·'Fumble Fist'
Fur Bible Live 1
Fur Bible Live 2

martes, 27 de septiembre de 2016

La música de Pam Hogg


Pam Hogg. Foto: Fumi Nagasaka


Midas Touch
Voodoo Love
Electric Man
Honeyland
Opel Eyes
Peeping Tom
Opel Eyes (video HD)
Electric Man (video HD)


Prestigiosa diseñadora de moda de larga trayectoria, muy asociada con la cultura punk (especialmente con la cantante Siouxie Sioux) y referencia constante de la cultura popular británica, en 1992 Pam Hogg dio rienda suelta a su larga relación con el mundo de la música grabando un puñado de canciones en un estilo algo personal (una especie de electro-rocker-punk) y actuando en algunos eventos así como haciendo de telonera para la vuelta de Blondie o The Raincoats. Unos años más tarde retomó con éxito su carrera en la moda.
Prestigious fashion designer, closely associated with punk culture (especially with singer Siouxsie Sioux) and well-regarded by trendy British popular culture, in 1992 she finally imbued herself into her long relationship with the music world recording a handful of songs (in a sort of electro-rocker-punk style) and performing in some events as well as opening for the return of Blondie and The Raincoats. A few years later she succesfully returned to her career in fashion.


[Candy Warhol]

lunes, 26 de septiembre de 2016

Brian Griffin


Iggy Pop


Devo


Elvis Costello


Lene Lovich


Ian Dury & The Blockheads


Siouxie Sioux


Joe Jackson


Depeche Mode


Echo & The Bunnymen


>Brian Griffin



EscuchaListen
Kim Gordon·'Murdered Out'
Dead Moon·'Dagger Moon'
Exploded View·'Give Me Somethng'
Bleach 03·'The Head That Controls Both...'
The Revillos·'She's Fallen In Love With The...'
Bo Diddley·'I Don't Like You'
Tamikrest·'Aicha'
Y'Akoto·'Babyblues'
Funeral Singers·'Califone'
Mississippi Fred McDowell·'Kokomo'
Ala.Ni.·'Darkness at Noon'
Los Vinagres·'Veneno o algo'
King Cayman·'You Make Me Shine'
Tumba Swing·'Tanatorio Party'
Pussy Galore·'Alright'
Church Of Misery·'Jonestown Massacre'
Knife In The Water·'Red River'
Curtis Harding·'Castaway'
Yusef Lateef·'Russell & Elliot'
Alice Coltrane·'Blue Nile'
Simmetry·'Thicker Than Blood'
Simmetry·'The Haze'
John Carpenter·'Vortex'
John Carpenter·'Night'
Kraftwerk·'The Hall Of Mirrors'

domingo, 25 de septiembre de 2016

Neil Young edulcorado



Chromatics - Into The Black (Neil Young & Crazy Horse)

lunes, 19 de septiembre de 2016

Mississippi Fred

EscuchandoListening to...



Mississippi Fred McDowell
>Live at the Village Gaslight, New York 1971 (Set 1)
Oblivion Records
Diseño del cdCd design credited to: Frank Olinsky
"This is blues y'all, I don't play no rock'n'roll" (08':27'')
("Esto es blues, gente, yo no toco rocanrol")



Fred McDowell, Senatobia, Mississippi, 1960. Lee Friedlander


Untitled (Mississippi Fred McDowell), 1972. William Egglestone

[ImágenesImages: Boogie Woogie Flu]


MiraWatch
Mississippi Fred McDowell - John Henry

viernes, 16 de septiembre de 2016

Manifiestos surrealistas


'La bouche de Nadja', André Breton 1928


MANIFIESTO INAUGURAL DE LA PRIMERA VELADA DADÁ
Hugo Ball (leído en el primer evento Dadá en el Cabaret Voltaire en Zurich el 14 de Julio de 1916)

Dadá es una nueva tendencia en el arte. Uno puede decir esto desde el hecho de que hasta ahora nadie sabía nada al respecto, y mañana todo el mundo en Zurich hablará de ello. Dadá viene del diccionario. Es terriblemente sencillo. En francés significa "caballo de juguete". En alemán significa "adiós", "¡Deja de molestarme!", "Te veré en algún momento". En rumano: "Sí, de hecho, tienes razón, eso es todo. Pero por supuesto, sí, definitivamente, correcto”. Etcétera.

Una palabra internacional. Sólo una palabra, y la palabra un movimiento. Muy fácil de entender. Terriblemente sencillo. Para hacer de ella una tendencia artística debe significar que se está anticipando complicaciones. Dadá psicología, Dadá Alemania indigestión y en la niebla paroxismo, Dadá literatura, Dadá burguesía, y ustedes mismos, poetas homenajeados, que siempre están escribiendo con palabras pero nunca escriben con la palabra en sí, que siempre están escribiendo alrededor del punto real. Dadá guerra mundial sin fin, Dadá revolución sin comienzo, Dadá, ustedes, amigos y también poetas, señores estimados, fabricantes, y evangelistas. Dadá Tzara, Dadá Huelsenbeck, Dadá soy dadá, Dadá soy dadá mmh, dadá dera dadá, dadá Hue, dadá Tza.

¿Cómo se puede alcanzar la felicidad eterna? Diciendo Dadá. ¿Cómo se llega a ser famoso? Diciendo Dadá. Con un noble gesto y delicado decoro. Hasta que uno se vuelve loco. Hasta que uno pierde la conciencia. ¿Cómo puede uno deshacerse de todo lo que huela a periodismo, gusanos, todo lo bueno y correcto, de miras estrechas, moralista, europeizado, enervado? Diciendo Dadá. Dadá es el alma del mundo, Dadá es la casa de empeño. Dadá es el mejor jabón de leche de lirio del mundo. Dadá Sr. Rubiner, Dadá Sr. Korrodi. Dadá Sr. Anastasio Lilienstein. En lenguaje llano: la hospitalidad de los suizos es algo que debe ser profundamente apreciado. Y en cuestiones de estética la clave es la calidad.

Voy a estar leyendo poemas que están destinados a prescindir del lenguaje convencional, nada menos. Dadá Johann Fuchsgang Goethe. Dadá Stendhal. Dadá Dalai Lama, Buda, Biblia y Nietzsche. Dadá soy Dadá. Dadá mmh dadá da. Es una cuestión de conexiones y de aflojar un poco para comenzar. No quiero palabras que otros han inventado. Todas las palabras son invenciones de otras personas. Quiero mis propias cosas, mi propio ritmo, y vocales y consonantes también, acoplando el ritmo y todo lo mío. Si esta pulsación es de siete yardas de largo, quiero para ella palabras de siete yardas. Las palabras del Sr. Schulz son sólo dos centímetros y medio.

Servirá para mostrar cuán articulado viene el lenguaje a ser. Dejo que las vocales den vueltas por ahí. Dejo que las vocales simplemente ocurran, como maullidos de gato… Las palabras emergen, hombros de palabras, piernas, brazos, manos de palabras. Au, oi, uh. No hay que dejar demasiadas palabras fuera. Una línea de poesía es una oportunidad para deshacerse de toda la suciedad que se adhiere a este lenguaje maldito, como si lo hubieran puesto ahí las manos de corredores de bolsa, manos desgastadas por monedas. Quiero la palabra donde termina y comienza. Dadá es el corazón de las palabras.

Cada cosa tiene su palabra, pero la palabra se ha convertido en una cosa por sí misma. ¿Por qué no la puedo encontrar? ¿Por qué no puede un árbol llamarse Pluplusch, y Pluplubasch cuando está lloviendo? La palabra, la palabra, la palabra fuera de tu dominio, tu asfixia, esta impotencia ridícula, tu petulancia estupenda, fuera de todo el psitacismo de tu obviedad ilimitada. La palabra, señores, es una preocupación pública de primera importancia.


MANIFIESTO SOBRE EL AMOR DÉBIL Y EL AMOR AMARGO

Tomad un periódico.
Tomad unas tijeras.

Elegid en el periódico el artículo que tenga
la longitud que queráis dar a vuestro poema.

Recortad el artículo.
Recortad con todo cuidado cada palabra de las
que forman tal artículo y ponedlas en un saquito.
Agitad dulcemente.

Sacad las palabras una detrás de otra,
colocándolas en el orden en que las habéis sacado.
Copiadlas concienzudamente.

El poema está hecho.
Ya os habéis convertido en un escritor
infinitamente original y dotado
de una sensibilidad encantadora.


PRIMER MANIFIESTO DADÁ
Tristan Tzara (1918)

La magia de una palabra  —DADÁ— que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros ninguna importancia.

Para lanzar un manifiesto es necesario: A, B,C.
fulminar contra 1, 2 , 3
Irritarse y aguzar las alas para conquistar y propagar muchos pequeños abecés y grandes ABECÉS y afirmar, gritar, blasfemar, acomodar la prosa en forma de obviedad absoluta, irrefutable, probar el propio non plus ultra y sostener esa novedad se asemeja a la vida como la última aparición de una prostituta prueba la esencia de Dios. En efecto, su existencia ya fue demostrada por el acordeón, por el paisaje y por la palabra dulce. Imponer el propio ABECÉ es algo natural, y, por ello, deplorable. Pero todos lo hacen bajo la forma de cristal-bluff-madonna o sistema monetario, de producto farmacéutico o de piernas desnudas incitantes a la primavera ardiente y estéril. El amor por lo nuevo es la cruz simpática que revela un amiquemeimportismo pueril, positivo signo sin causa.

Pero también esta necesidad ha quedado obsoleta. Es necesario documentar el arte con la suprema simplicidad: novedad, se es humano y auténtico por diversión, se es impulsivo y vibrante para crucificar el aburrimiento. En las encrucijadas de las luces, vigilantes y atentas, espiando los años en el bosque. Yo escribo un manifiesto y no quiero nada y, sin embargo, digo algunas cosas y por principio estoy contra los manifiestos, como, por lo demás, también estoy contra los principios (decilitros para medir el valor moral de cada frase demasiado demasiado cómodo: la aproximación fue inventada por los impresionistas). Escribo este manifiesto para demostrar cómo se pueden llevar a cabo al mismo tiempo las acciones más contradictorias con un único y fresco aliento; estoy contra la acción y a favor de la contradicción continua, pero también estoy por la afirmación. No estoy ni por el pro ni por el contra y no quiero explicar a nadie por qué odio el sentido común.

DADÁ— he aquí la palabra que lleva las ideas a la caza; todo burgués se siente dramaturgo, inventa distintos discursos y, en lugar de poner en su lugar a los personajes convenientes a la calidad de su inteligencia, crisálidas en sus sillas, busca las causas y los fines (según el método psicoanalítico que practique) para dar consistencia a su trama, historia que habla y se define.

Todo espectador que trata de explicar una palabra es un intrigante: (¡conocer!). Desde el refugio enguantado de las complicaciones serpentinas hace manipular sus propios instintos. De aquí nacen las desgracias de la vida conyugal.

Ser limitado: diversión de los vientres rojos con los molinos de los cráneos vacíos.

DADÁ NO SIGNIFICA NADA

Si alguien lo considera inútil, si alguien no quiere perder tiempo por una palabra que no significa nada….El primer pensamiento que se agita en estas cabezas es de orden bacteriológio: hallar su origen etimológico, histórico o psicológico por lo menos. Por los periódicos sabemos que los negros Kru llaman al rabo de la vaca sagrada DADÁ. El cubo y la madre en una cierta comarca de Italia reciben el nombre de DADÁ. Un caballo de madera, la nodriza, la doble afirmación en ruso y en rumano DADÁ.  Sabios periodistas ven en todo ello un arte para niños, otros santones jesúsdejadquelosniñosseacerquenamí, el retorno a un primitivismo seco y estrepitoso, estrepitoso y monótono. No es posible construir la sensibilidad sobre una palabra. Todo sistema converge hacia una aburrida perfección, estancada idea de una ciénaga dorada, relativo producto humano. La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma porque la belleza ha muerto; ni alegre; ni alegre ni triste, ni clara ni oscura, no debe divertir ni maltratar a las personas individuales sirviéndoles pastiches de santas aureolas o los sudores de una carrera en arco a través de las atmósferas. Una obra de arte nunca es bella por decreto, objetivamente y para todos. Por ello, la crítica es inútil, no existe más que subjetivamente, sin el mínimo carácter de genera­lidad. ¿Hay quien cree haber encontrado la base psíquica común a toda la humanidad? El texto de Jesús y la Biblia recubren con sus amplias y benévolas alas: la mierda, las bestias, los días. ¿Cómo se puede poner orden en el caos de las infinitas e informes variaciones que es el hombre? El principio «ama a tu prójimo» es una hipocresía. «Conócete a ti mismo» es una utopia más aceptable porque también contiene la maldad. Nada de piedad. Después de la matanza todavía nos queda la esperanza de una humanidad purificada. Yo hablo siempre de mí porque no quiero convencer. No tengo derecho a arrastrar a nadie a mi río, yo no obligo a nadie a que me siga. Cada cual hace su arte a su modo y manera, o conociendo el gozo de subir como una flecha hacia astrales reposos o el de descender a las minas donde brotan flores de cadáveres y de fértiles espasmos. Estalactitas: buscarlas por doquier, en los pesebres ensanchados por el dolor, con los ojos blancos como las liebres de los ángeles.

Así nació DADÁ, de una necesidad de independencia, de des­confianza hacía la comunidad. Los que están con nosotros conservan su libertad. No reconocemos ninguna teoría. Basta de academias cubistas y futuristas, laboratorios de ideas formales. ¿Sirve el arte para amontonar dinero y acariciar a los gentiles burgueses? Las rimas acuerdan su tintineo con las monedas y la musicalidad resbala a lo largo de la línea del vientre visto de perfil. Todos los grupos de artistas han ido a parar a este banco a pesar de cabalgar distintos cometas. Mientras la puerta permanece abierta a la posibilidad de revolcarse entre almohadones y un buen banquete.

Aquí estamos echando el ancla en tierra fértil.

Aquí tenemos derecho a proclamar esto porque hemos conocido los escalofríos y el desper­tar. Fantasmas ebrios de energía, hincamos el tridente en la carne distraída. Rebosamos de maldiciones en la tropical abundancia de vertiginosas vegetaciones: goma y lluvia es nuestro sudor, sangramos y quemamos la sed. Nuestra sangre es vigorosa.

El cubismo nació del simple modo de mirar un objeto: Cezanne pintaba una taza veinte centímetros más abajo de sus ojos, los cubistas la miran desde arriba, otros complican su aspecto ejecutando una sección perpendicular que sitúan a un lado con habilidad. (No olvido a los creadores y las grandes razones de la materia que hicieron definitivas). El futurismo ve la misma taza en movimiento, una sucesión de objetos uno al lado del otro, añadiéndole maliciosamente alguna líneas duras. Eso no evita que la pintura buena o mala sea siempre una inversión de capitales intelectuales.

El nuevo pintor crea un mundo cuyos elementos son sus mismos medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El artista nuevo protesta: ya no pinta (reproducción simbólica e ilusionista), sino que crea directamente en piedra, madera, hierro, estaño, bloques de organismos móviles a los que el límpido viento de las inmediatas sensaciones hace dar vueltas en todos los sentidos. Toda obra pictórica o plástica es inútil; que sea un monstruo capaz de dar miedo a los espíritus serviles y no algo dulzarrón para servir de ornamento a los refectorios de esos animales vestidos de paisano que ilustran tan bien esa fabula triste de la humanidad.

Un cuadro es el arte donde se encuentran dos lineas geométricas que se ha comprobado que son paralelas, hacer que se encuentren en un lienzo, ante nuestros ojos, en una realidad que nos traslada a un mundo de otras condiciones y posibilidades. Este mundo no esta especificado ni definido en la obra, pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para su creador la obra carece de causa y de teoría. Orden = desorden; ego = no-ego; afirmación = negación; éstos son los fulgores supremos de un arte absoluto. Absoluto en la pureza de lo cósmico y su ordenado caos, eterno en el instante globular sin duración, sin respiración, sin luz y sin control. Amo una obra antigua por su novedad. Tan sólo el contraste nos liga al pasado. Los escritores que enseñan la moral y discuten o mejoran la base psicológica, tienen, aparte del deseo oculto del beneficio, un conocimiento ridículo de la vida que ellos han clasificado, subdividido y canalizado. Se empeñan en querer ver danzar las categorías apenas se ponen a marcar el compás. Sus lectores se carcajean y siguen adelante: ¿con qué fin?

Hay una literatura que no llega a la masa voraz. Obras de creadores nacidas de una auténtica necesidad del autor y sólo en función de sí mismo. Consciencia de un supremo egoísmo, en el que cualquier otra ley queda anulada. Cada página debe abrirse con furia, ya sea por serios motivos, profundos y pesados, ya sea por el vórtice y el vértigo, lo nuevo y lo eterno, la aplastante espontaneidad verbal, el entusiasmo de los principios, o por su tipografía. He ahí un mundo vacilante que huye, atado a los cascabeles de la gama infernal, y he ahí, por otro lado, los hombres nuevos, rudos, cabalgando a lomos de sus espasmos. He ahí un mundo mutilado y los medicuchos literarios preocu­pados por mejorarlo.

Yo os digo: no hay un comienzo y nosotros no temblamos, no somos unos sentimentales. Nosotros desgarramos como un furioso viento la ropa de las nubes y de las plegarias y preparamos el gran espectáculo del desastre, el incendio, la des­composición. Preparamos la supresión del dolor y sustituimos las lágrimas por sirenas tendidas de un continente a otro. Banderas de intensa alegría viudas de la tristeza del veneno. DADÁ es la enseñanza de la abstracción; la publicidad y los negocios también son elementos poéticos.

Yo destruyo los cajones del cerebro y los de la organización social: desmoralizar por doquier y arrojar la mano del cielo al infierno, los ojos del infierno al cielo, restablecer la rueda fecunda de un circo universal en las potencias reales y en la fantasía individual.

La filosofia, he ahí el problema: por qué lado hay que empezar a mirar la vida, Dios, la idea y cualquier otra cosa. Todo lo que se ve es falso. Yo no creo que el resultado negativo sea más importante que la elección entre el dulce y las cerezas como postre. El modo de mirar con rapidez la otra cara dc una cosa para imponer directamente la propia opinión se llama dialéctica, o sea, el modo de regatear el espíritu de las patatas fritas bailando a su alrededor una danza del método.

Si yo grito:

Idealismo, idealismo, idealismo

conocimiento, conocimiento, conocimiento

bumbúm, bumbúm, bumbúm,

registro con suficiente exactitud el progreso, la ley, la moral y todas las demás bellas cualidades que tantas personas inteligentes han discutido en tantos libros para llegar, al fin, a confesar que cada uno, del mismo modo, no ha hecho más que bailar al compás de su propio y personal bumbúm y que, desde el punto de vista de tal bumbúm, tiene toda la razón: satisfacción de una curiosidad morbosa, timbre privado para necesidades inexplicables; baño; dificultades pecuniarias; estómago con repercusiones en la ida; autoridad de la varita mística formulada en el grupo de una orquesta fantasmal de arcos mudos engrasados con filtros a base de amoniaco animal. Con los impertinentes azules de un ángel han enterrado la interioridad por cuatro perras de unánime reconocimiento. Si todos tienen razón, y si todas las píldoras son píldoras Pínk., tratemos de no tener razón. En general, se cree poder explicar racionalmente con el pensamiento lo que se escribe. Todo esto es relativo. El pensamiento es una cosa bonita para la filosofia, pero es relativo. El psicoanálisis es una enfermedad dañina, que adormece las tendencias antirreales del hombre y hace de la burguesía un sistema. No hay una Verdad definitiva. La dialéctica es una máquina divertida que nos ha llevado de un modo bastante trivial a las opiniones que hubiéramos tenido de otro modo. ¿Hay alguien que crea, mediante el refinamiento minucioso de la lógica,, haber demostrado la verdad de sus opiniones? La lógica constreñida por los sentidos es una enfermedad orgánica. A este elemento los filósofos se complacen en añadir el poder de observación. Pero justamente esta magnífica cualidad del espíritu es la prueba de su impotencia. Se observa, se mira desde uno o varios puntos de vista y se elige un determinado punto entre millones de ellos que igualmente existen. La experiencia también es un resultado del azar y de las facultades individuales. La ciencia me repugna desde el momento en que se transforma en sistema especulativo y pierde su carácter de utilidad, que, aun siendo inútil, es, sin embargo, individual. Yo odio la crasa objetividad y la armonía, esta ciencia que halla que todo está en orden: continuad, muchachos, humanidad . . . La ciencia nos dice que somos los servidores de la naturaleza: Todo está en orden, haced el amor y rompeos la cabeza; continuad, muchachos, hombres, amables burgueses, periodistas vírgenes... Yo estoy contra los sistemas: el único sistema todavía aceptable es el de no tener sistemas. Completarse, perfeccionarse en nuestra pequeñez hasta colmar el vaso de nuestro yo, valor para combatir en pro y en contra del pensamiento, misterio de pan, desencallamiento súbito de una hélice infernal hacia lirios baratos.

LA ESPONTANEIDAD DADAÍSTA

Yo llamo amíquémeimportismo a una manera de vivir en la que cada cual conserva sus propias condiciones respetando, no obstante, salvo en caso de defensa, las otras individualidades, la tonada que se convierte en himno nacional, las tiendas de antigüallas, el T.S.H., el teléfono sin hilos, que transmite las fugas de Bach, los anuncios luminosos, los carteles de prostíbulos, el órgano que difunde claveles para el buen Dios y todo esto, todo junto, y realmente sustituyendo a la fotografia y al catecismo unilateral.

La simplicidad activa.

La impotencia para discernir entre los grados de claridad: lamer la penumbra y flotar en la gran boca llena de miel y de excrementos. Medida con la escala de lo Eterno, toda acción es vana (si dejamos que el pensamiento corra una aventura cuyo resultado sería infinitamente grotesco; dato, también éste, importante para el conocimiento de la humana impotencia). Pero si la vida es una pésima farsa sin fin ni parto inicial, y como creemos salir de ella decentemente como crisantemos lavados, proclamamos el arte como única base de entendimiento. No importa que nosotros, caballeros del espiritu, le dediquemos desde siglos nuestros refunfuños. El arte no aflige a nadie y a aquellos que sepan interesarse por él recibirán, con sus caricias, una buena ocasión de poblar el pais con su conversación. El arte es algo privado y el artista lo hace para sí mismo; una obra comprensible es el producto de periodistas, y porque me gusta mezclar en este momento con tal monstruosidad los colores al óleo: un tubo de papel de plata, que, si se aprieta, vierte automáticamente odio, cobardia, y villania. El artista, el poeta aprecian el veneno de la masa condensada en un jefe de sección de esta industria.  Es feliz si se le insulta: eso es como una prueba de su coherencia. El autor, el artista elogiado por los periódicos, comprueba la comprensibilidad de su obra: miserable forro de un abrigo destinado a la utilidad pública: andrajos que cubren la brutalidad, meadas que colaboran al calor de un animal que incuba sus bajos instintos, fofa a insípida carne que se multiplica con la ayuda de los microbios tipográficos.

Hemos tratado con dureza nuestra inclinación a las lágrimas infantiles. Toda filtración de esa naturaleza no es más que diarrea almibarada. Alentar un arte semejante significa digerirlo. Nos hacen falta obras fuertes, rectas, precisas y, más que nunca, incomprensibles. La logica es una complicación. La lógica siempre es falsa. Ella guia los hilos de las nociones, las palabras en su forma exterior hacia las conclusiones de los centros ilusorios. Sus cadenas matan, ciempiés gigante que asfixia a la independencia. Ligado a la lógica, el arte viviria en el incesto, tragándose su propia cola, su cuerpo, fornicando consigo mismo, y el genio se volveria una pesadilla alquitranada de protestantismo, un monumento, una marcha de intestinos grisáceos y pesados. Pero la soltura, el entusiasmo y la misma alegria de la injusticia, esa pequeña verdad que nosotros practicamos con inocencia y que nos hace bellos (somos sutiles, nuestros dedos son maleables y resbalan como las ramas de esta planta insinuante y casi liquida) caracterizan nuestra alma, dicen los cinicos. También ese es un punto de vista, pero no todas las flores, por fortuna, son sagradas, y lo que hay de divino en nosotros es el comienzo de la acción antihumana. Se trata, aquí, de una flor de papel para el ojal de los señores que frecuentan el baile de disfraces de la vida, cocina de la gracia, con blancas primas ágiles o gordas. Esa gente comercia con lo que hemos seleccionado. La contradicción y unidad de las estrellas polares en un solo chorro pueden ser verdad, suponiendo que alguien insista en pronunciar esta banalidad, apéndice de una moralidad libidinosa y maloliente. La moral consume, como todos los azotes de la inteligencia. El control de la moral y de la lógica nos ha impuesto la impasibilidad ante los agentes de policia, causa de nuestra esclavitud, pútridas ratas de las que está repleto el vientre de la burguesía, y que han infectado los únicos corredores de nítido y transparente cristal que aún seguían abiertos a los artistas.

Todo hombre debe gritar: hay una gran tarea destructiva, negativa, por hacer. Barrer, asear. La plenitud del individuo se afirma a continuación de un estado de locura, de locura agresiva y completa de un mundo confiado a las manos de los bandidos que desgarran y destruyen los siglos. Sin fin ni designio, sin organización: la locura  indomable, la descomposición. Los fuertes sobrevivirán gracias a su voz vigorosa, pues son ávidos en su defensa. La agilidad de los miembros y de los sentimientos flamea en sus flancos prismáticos.

La moral ha determinado  la caridad y la piedad, dos bolas de sebo que han crecido, como elefantes, como astros, y que, aún hoy, son consideradas válidas. Pero la bondad no tiene nada que ver con ellas. La bondad es lúcida, clara y decidida, despiadada con el compromiso y la política. La moralidad es como una infusión de chocolate en las venas de los hombres. Esto no fue impuesto por una fuerza sobrenatural, sino por las corporaciones de los mercaderes de ideas, por los acaparadores universitarios. Sentimentalidad: viendo un grupo de hombres que se pelean y se aburren, ellos inventaron el calendario y el medicamento de la sabiduría. Pegando etiquetas se desencadenó la batalla de los filósofos (mercantilismo, balanza, medidas meticulosas y mezquinas) y por segunda vez se comprendió que la piedad es un sentimiento, como la diarrea en relación con el asco que arruina la salud, inmunda tarea de carroñas para comprometer al sol.

Yo proclamo la oposición de todas las facultades cósmicas a tal blenorragia de pútrido sol salido de las fábricas del pensamiento filosófico, y proclamo la lucha encarnizada con todos los medios del

ASCO DADAÍSTA

Toda forma de asco suceptible de convertirse en negación de la familia es Dadá; la protesta a puñetazos de todo el ser entregado a una acción destructiva es Dadá; el conocimiento de todos los medios hasta hoy rechazados por el pudor sexual, por el compromiso demasiado cómodo y por la cortesía es Dadá; la abolición de la lógica, la danza de los impotentes de la creación es Dadá; la abolición de la lógica, la danza de los impotentes de la creación es Dadá; la abolición de toda jerarquía y de toda ecuación social de valores establecida entre los siervos que se hallan entre nosotros es Dadá; todo objeto, todos los objetos, los sentimientos y las oscuridades, las apariciones y el choque preciso de las lineas paralelas son medios de lucha Dadá; abolición de la memoria: Dadá; abolición del futuro: Dadá; confianza indiscutible en todo dios producto inmediato de la espontaneidad: Dadá; salto elegante y sin prejuicios de una armonía a otra esfera; trayectoria de una palabra lanzada como un disco, grito sonoro; respeto de todas las individualidades en la momentánea locura de cada uno de sus sentimientos, serios o temerosos, timidos o ardientes, vigorosos, decididos, entusiastas; despojar la propia iglesia de todo accesorio inútil y pesado; escupir como una cascada luminosa el pensamiento descortés o amoroso, o bien, complaciéndose en ello, mimarlo con la misma identidad, lo que es lo mismo, en un matorral puro de insectos para una noble sangre, dorado por los cuerpos de los arcángeles y por su alma. Libertad: DADÁ, DADÁ, DADÁ, aullido de colores encrespados, encuentro de todos los contrarios y de todas las contradicciones, de todo motivo grotesco, de toda incoherencia:

LA VIDA.


MANIFIESTO SURREALISTA

Tanta fe se tiene en la vida, en la vida en su aspecto más precario, en la vida real, naturalmente, que la fe acaba por desaparecer. El hombre, soñador sin remedio, al sentirse día en día más descontento de su sino, examina con dolor los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido a través de su indiferencia o de su interés, casi siempre a través de su interés, ya que ha consentido someterse al trabajo o, por lo menos no se ha negado a aprovechar las oportunidades... ¡Lo que él llama oportunidades! Cuando llega a este momento, el hombre es profundamente modesto: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió, la riqueza y la pobreza nada le importan, y en este aspecto el hombre vuelve a ser como un niño recién nacido; y en cuanto se refiere a la aprobación de su conciencia moral, reconozco que el hombre puede prescindir de ella sin grandes dificultades. Si le queda un poco de lucidez, no tiene más remedio que dirigir la vista hacia atrás, hacia su infancia que siempre le parecerá maravillosa, por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado. En la infancia la ausencia de toda norma conocida ofrece al hombre la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; el hombre hace suya esta ilusión; sólo le interesa la facilidad momentánea, extremada, que todas las cosas ofrecen. Todas las mañanas los niños inician su camino sin inquietudes. Todo está al alcance de la mano, las peores circunstancias materiales parecen excelentes. Luzca el sol o esté negro el cielo, siempre seguiremos adelante, jamás dormiremos.

Pero no se llega muy lejos a lo largo de este camino; y no se trata solamente de una cuestión de distancia. Las amenazas se acumulan, se cede, se renuncia a una parte del terreno que se debía conquistar. Aquella imaginación que no reconocía límite alguno ya no puede ejercerse sino dentro de los límites fijados por las leyes de un utilitarismo convencional; la imaginación no puede cumplir mucho tiempo esta función subordinada, y cuando alcanza aproximadamente la edad de veinte años prefiere, por lo general, abandonar al hombre a su destino de tinieblas.

Pero si más tarde el hombre, fuese por lo que fuere, intenta enmendarse al sentir que poco a poco van desapareciendo todas las razones para vivir, al ver que se ha convertido en un ser incapaz de estar a la altura de una situación excepcional,como la del amor, difícilmente logrará su propósito.Y ello es así por cuanto el hombre se ha entregado, en cuerpo y alma al imperio de unas necesidades prácticas que no toleran el olvido. Todos los actos del hombre carecerán de altura, todas sus ideas, de profundidad. De todo cuanto le ocurra o cuanto pueda llegar a ocurrirle, el hombre solamente verá aquel aspecto del conocimiento que lo liga a una multitud de acontecimientos parecidos, acontecimientos en los que no ha tomado parte, acontecimientos que se ha perdido. Más aún, el hombre juzgará cuanto le ocurra o pueda ocurrirle poniéndolo en relación con uno de aquellos acontecimientos últimos, cuyas consecuencias sean más tranquilizadoras que las de los demás. Bajo ningún pretexto sabrá percibir su salvación.

Amada imaginación, lo que más amo en vos es que jamás perdonas.

Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano. Sin duda alguna, se basa en mi única aspiración legítima. Pese a tantas y tantas desgracias como hemos heredado, es preciso reconocer que se nos ha legado una libertad espiritual suma. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente. Reducir la imaginación a la esclavitud, cuando a pesar de todo quedará esclavizada en virtud de aquello que con grosero criterio se denomina felicidad, es despojar a cuanto uno encuentra en lo más hondo de sí mismo del derecho a la suprema justicia. Tan sólo la imaginación me permite llegar a saber lo que puede llegar a ser, y esto basta para mitigar un poco su terrible condena; y esto basta también para que me abandone a ella, sin miedo al engaño (como si pudiéramos engañarnos todavía más). ¿En qué punto comienza la imaginación a ser perniciosa y en qué punto deja de existir la seguridad del espíritu? ¿Para el espíritu, acaso la posibilidad de errar no es sino una contingencia del bien?

Queda la locura, la locura que solemos recluir, como muy bien se ha dicho. Esta locura o la otra... Todos sabemos que los locos son internados en méritos de un reducido número de actos reprobables, y que, en la ausencia de estos actos, su libertad (y la parte visible de su libertad) no sería puesta en tela de juicio. Estoy plenamente dispuesto a reconocer que los locos son, en cierta medida, víctimas de su imaginación, en el sentido que ésta le induce a quebrantar ciertas reglas, reglas cuya trasgresión define la calidad de loco, lo cual todo ser humano ha de procurar saber por su propio bien. Sin embargo, la profunda indiferencia de los locos da muestra con respecto a la crítica de que les hacemos objeto, por no hablar ya de las diversas correcciones que les infligimos, permite suponer que su imaginación les proporciona grandes consuelos, que gozan de su delirio lo suficiente para soportar que tan sólo tenga validez para ellos. Y, en realidad, las alucinaciones, las visiones, etcétera, no son una fuente de placer despreciable. La sensualidad más culta goza con ella, y me consta que muchas noches acariciaría con gusto aquella linda mano que, en las últimas páginas de L’Intelligence, de Taine, se entrega a tan curiosas fechorías. Me pasaría la vida entera dedicado a provocar las confidencias de los locos. Son como la gente de escrupulosa honradez, cuya inocencia tan sólo se pude comparar a la mía. Para poder descubrir América, Colón tuvo que iniciar el viaje en compañía de locos. Y ahora podéis ver que aquella locura dio frutos reales y duraderos.

No será el miedo a la locura lo que nos obligue a bajar la bandera de la imaginación...


Cabaret Voltaire; Hugo Ball & Guillaume Apollinaire 1918


DADA MANIFESTO
Hugo Ball (read at the first public Dada soiree in Cabaret Voltaire, Zurich, July 14th 1916)

Dada is a new tendency in art. One can tell this from the fact that until now nobody knew anything about it, and tomorrow everyone in Zurich will be talking about it. Dada comes from the dictionary. It is terribly simple. In French it means "hobby horse". In German it means "good-bye", "Get off my back", "Be seeing you sometime". In Romanian: "Yes, indeed, you are right, that's it. But of course, yes, definitely, right". And so forth.
An International word. Just a word, and the word a movement. Very easy to understand. Quite terribly simple. To make of it an artistic tendency must mean that one is anticipating complications. Dada psychology, dada Germany cum indigestion and fog paroxysm, dada literature, dada bourgeoisie, and yourselves, honoured poets, who are always writing with words but never writing the word itself, who are always writing around the actual point. Dada world war without end, dada revolution without beginning, dada, you friends and also-poets, esteemed sirs, manufacturers, and evangelists. Dada Tzara, dada Huelsenbeck, dada m'dada, dada m'dada dada mhm, dada dera dada, dada Hue, dada Tza.
How does one achieve eternal bliss? By saying dada. How does one become famous? By saying dada. With a noble gesture and delicate propriety. Till one goes crazy. Till one loses consciousness. How can one get rid of everything that smacks of journalism, worms, everything nice and right, blinkered, moralistic, europeanised, enervated? By saying dada. Dada is the world soul, dada is the pawnshop. Dada is the world's best lily-milk soap. Dada Mr Rubiner, dada Mr Korrodi. Dada Mr Anastasius Lilienstein.
In plain language: the hospitality of the Swiss is something to be profoundly appreciated. And in questions of aesthetics the key is quality.
I shall be reading poems that are meant to dispense with conventional language, no less, and to have done with it. Dada Johann Fuchsgang Goethe. Dada Stendhal. Dada Dalai Lama, Buddha, Bible, and Nietzsche. Dada m'dada. Dada mhm dada da. It's a question of connections, and of loosening them up a bit to start with. I don't want words that other people have invented. All the words are other people's inventions. I want my own stuff, my own rhythm, and vowels and consonants too, matching the rhythm and all my own. If this pulsation is seven yards long, I want words for it that are seven yards long. Mr Schulz's words are only two and a half centimetres long.
It will serve to show how articulated language comes into being. I let the vowels fool around. I let the vowels quite simply occur, as a cat miaows . . . Words emerge, shoulders of words, legs, arms, hands of words. Au, oi, uh. One shouldn't let too many words out. A line of poetry is a chance to get rid of all the filth that clings to this accursed language, as if put there by stockbrokers' hands, hands worn smooth by coins. I want the word where it ends and begins. Dada is the heart of words.
Each thing has its word, but the word has become a thing by itself. Why shouldn't I find it? Why can't a tree be called Pluplusch, and Pluplubasch when it has been raining? The word, the word, the word outside your domain, your stuffiness, this laughable impotence, your stupendous smugness, outside all the parrotry of your self-evident limitedness. The word, gentlemen, is a public concern of the first importance.
 


DADA MANIFESTO
Tristan Tzara (23rd March 1918)

The magic of a word – Dada – which has brought journalists to the gates of a world unforeseen, is of no importance to us.

To put out a manifesto you must want: ABC
to fulminate against 1, 2, 3
to fly into a rage and sharpen your wings to conquer and disseminate little abcs and big ABCs, to sign, shout, swear, to organize prose into a form of absolute and irrefutable evidence, to prove your non plus ultra and maintain that novelty resembles life just as the latest-appearance of some whore proves the essence of God. His existence was previously proved by the accordion, the landscape, the wheedling word. To impose your ABC is a natural thing - hence deplorable. Everybody does it in the form of crystalbluff-madonna, monetary system, pharmaceutical product, or a bare leg advertising the ardent sterile spring. The love of novelty is the cross of sympathy, demonstrates a naive je m'enfoutisme, it is a transitory, positive sign without a cause.

But this need itself is obsolete. In documenting art on the basis of the supreme simplicity: novelty, we are human and true for the sake of amusement, impulsive, vibrant to crucify boredom. At the crossroads of the lights, alert, attentively awaiting the years, in the forest. I write a manifesto and I want nothing, yet 1 say certain things, and in principle I am against manifestos, as I am also against principles (half-pints to measure the moral value of every phrase too too convenient; approximation was invented by the impressionists). I write this manifesto to show that people can perform contrary actions together while taking one fresh gulp of air; I am against action; for continuous contradiction, for affirmation too, I am neither for nor against and I do not explain because I hate common sense.

DADA - this is a word that throws up ideas so that they can be shot down; every bourgeois is a little playwright, who invents different subjects and who, instead of situating suitable characters on the level of his own intelligence, like chrysalises on chairs, tries to find causes or objects (according to whichever psychoanalytic method he practices) to give weight to his plot, a talking and self-defining story.

Every spectator is a plotter, if he tries to explain a word (to know!) From his padded refuge of serpentine complications, he allows his instincts to be manipulated. Whence the sorrows of conjugal life.

To be plain: The amusement of redbellies in the mills of empty skulls.

DADA DOES NOT MEAN ANYTHING

If you find it futile and don't want to waste your time on a word that means nothing ... The first thought that comes to these people is bacteriological in character: to find its etymological, or at least its historical or psychological origin. We see by the papers that the Kru Negroes call the tail of a holy cow Dada. The cube and the mother in a certain district of Italy are called: Dada. A hobby horse, a nurse both in Russian and Rumanian: Dada. Some learned journalists regard it as an art for babies, other holy Jesuscallingthelittlechildrenuntohims of our day, as a relapse into a dry and noisy, noisy and monotonous primitivism. Sensibility is not constructed on the basis of a word; all constructions converge on perfection which is boring, the stagnant idea of a gilded swamp, a relative human product. A work of art should not be beauty in itself, for beauty is dead; it should be neither gay nor sad, neither light nor dark to rejoice or torture the individual by serving him the cakes of sacred aureoles or the sweets of a vaulted race through the atmospheres. A work of art is never beautiful by decree, objectively and for all. Hence criticism is useless, it exists only subjectively, for each man separately, without the slightest character of universality. Does anyone think he has found a psychic base common to all mankind? The attempt of Jesus and the Bible covers with their broad benevolent wings: shit, animals, days. How can one expect to put order into the chaos that constitutes that infinite and shapeless variation: man? The principle: "love thy neighbor" is a hypocrisy. "Know thyself" is utopian but more acceptable, for it embraces wickedness. No pity. After the carnage we still retain the hope of a purified mankind. I speak only of myself since I do not wish to convince, I have no right to drag others into my river, I oblige no one to follow me and everybody practices his art in his own way, if be knows the joy that rises like arrows to the astral layers, or that other joy that goes down into the mines of corpse-flowers and fertile spasms. Stalactites: seek them everywhere, in managers magnified by pain, eyes white as the hares of the angels.

And so Dada was born of a need for independence, of a distrust toward unity. Those who are with us preserve their freedom. We recognize no theory. We have enough cubist and futurist academies: laboratories of formal ideas. Is the aim of art to make money and cajole the nice nice bourgeois? Rhymes ring with the assonance of the currencies and the inflexion slips along the line of the belly in profile. All groups of artists have arrived at this trust company utter riding their steeds on various comets. While the door remains open to the possibility of wallowing in cushions and good things to eat.

Here we are dropping our anchor in fertile ground.

Here we really know what we are talking about, because we have experienced the trembling and the awakening. Drunk with energy, we are revenants thrusting the trident into heedless flesh. We are streams of curses in the tropical abundance of vertiginous vegetation, resin and rain is our sweat, we bleed and burn with thirst, our blood is strength.

Cubism was born out of the simple way of looking at an object: Cezanne painted a cup 20 centimetres below his eyes, the cubists look at it from above, others complicate appearance by making a perpendicular section and arranging it conscientiously on the side. (I do not forget the creative artists and the profound laws of matter which they established once and for all.) The futurist sees the same cup in movement, a succession of objects one beside the others and maliciously adds a few force lines. This does not prevent the canvas from being a good or bad painting suitable for the investment of intellectual capital.

The new painter creates a world, the elements of which are also its implements, a sober, definite work without argument. The new artist protests: he no longer paints (symbolic and illusionist reproduction) but creates directly in stone, wood, iron, tin, boulders—locomotive organisms capable of being turned in all directions by the limpid wind of momentary sensation. All pictorial or plastic work is useless: let it then be a monstrosity that frightens servile minds, and not sweetening to decorate the refectories of animals in human costume, illustrating the sad fable of mankind.

A painting is the art of making two lines, which have been geometrically observed to be parallel, meet on a canvas, before our eyes, in the reality of a world that has been transposed according to new conditions and possibilities. This world is neither specified nor defined in the work, it belongs, in its innumerable variations, to the spectator. For its creator it has neither case nor theory. Order = disorder; ego = non-ego; affirmation - negation: the supreme radiations of an absolute art. Absolute in the purity of its cosmic and regulated chaos, eternal in that globule that is a second which has no duration, no breath, no light and no control. I appreciate an old work for its novelty. It is only contrast that links us to the past. Writers who like to moralise and discuss or ameliorate psychological bases have, apart from a secret wish to win, a ridiculous knowledge of life, which they may have classified, parcelled out, canalised; they are determined to see its categories dance when they beat time. Their readers laugh derisively, but carry on: what's the use?

There is one kind of literature which never reaches the voracious masses. The work of creative writers, written out of the author's real necessity, and for his own benefit. The awareness of a supreme egoism, wherein laws become significant. Every page should explode, either because of its profound gravity, or its vortex, vertigo, newness, eternity, or because of its staggering absurdity, the enthusiasm of its principles, or its typography. On the one hand there is a world tottering in its flight, linked to the resounding tinkle of the infernal gamut; on the other hand, there are: the new men. Uncouth, galloping, riding astride on hiccups. And there is a mutilated world and literary medicasters in desperate need of amelioration.

I assure you: there is no beginning, and we are not afraid; we aren't sentimental. We are like a raging wind that rips up the clothes of clouds and prayers, we are preparing the great spectacle of disaster, conflagration and decomposition. Preparing to put an end to mourning, and to replace tears by sirens spreading from one continent to another. Clarions of intense joy, bereft of that poisonous sadness. DADA is the mark of abstraction; publicity and business are also poetic elements.

I destroy the drawers of the brain, and those of social organisation: to sow demoralisation everywhere, and throw heaven's hand into hell, hell's eyes into heaven, to reinstate the fertile wheel of a universal circus in the Powers of reality, and the fantasy of every individual.

Philosophy is the question: from which side shall we look at life, God, the idea or other phenomena. Everything one looks at is false. I do not consider the relative result more important than the choice between cake and cherries after dinner. The system of quickly looking at the other side of a thing in order to impose your opinion indirectly is called dialectics, in other words, haggling over the spirit of fried potatoes while dancing method around it.

If I shout:

Ideal, Ideal, Ideal

Knowledge, Knowledge, Knowledge

Boomboom, Boomboom, Boomboom

I have given a pretty faithful version of progress, law, morality and all other fine qualities that various highly intelligent men have discussed in so many books, only to conclude that after all everyone dances to his own personal boomboom, and that the writer is entitled to his boomboom: the satisfaction of pathological curiosity a private bell for inexplicable needs; a bath; pecuniary difficulties; a stomach with repercussions in tile; the authority of the mystic wand formulated as the bouquet of a phantom orchestra made up of silent fiddle bows greased with filters made of chicken manure. With the blue eye-glasses of an angel they have excavated the inner life for a dime's worth of unanimous gratitude. If all of them are right and if all pills are Pink Pills, let us try for once not to be right. Some people think they can explain rationally, by thought, what they think. But that is extremely relative. Psychoanalysis is a dangerous disease, it puts to sleep the anti-objective impulses of man and systematizes the bourgeoisie. There is no ultimate Truth. The dialectic is an amusing mechanism which guides us / in a banal kind of way / to the opinions we had in the first place. Does anyone think that, by a minute refinement of logic, he had demonstrated the truth and established the correctness of these opinions? Logic imprisoned by the senses is an organic disease. To this element philosophers always like to add: the power of observation. But actually this magnificent quality of the mind is the proof of its impotence. We observe, we regard from one or more points of view, we choose them among the millions that exist. Experience is also a product of chance and individual faculties. Science disgusts me as soon as it becomes a speculative system, loses its character of utility that is so useless but is at least individual. I detest greasy objectivity, and harmony, the science that finds everything in order. Carry on, my children, humanity... Science says we are the servants of nature: everything is in order, make love and bash your brains in. Carry on, my children, humanity, kind bourgeois and journalist virgins... I am against systems, the most acceptable system is on principle to have none. To complete oneself, to perfect oneself in one's own littleness, to fill the vessel with one's individuality, to have the courage to fight for and against thought, the mystery of bread, the sudden burst of an infernal propeller into economic lilies.

DADAIST SPONTANEITY

What I call the I-don't-give-a-damn attitude of life is when everyone minds his own business, at the same time as he knows how to respect other individualities, and even how to stand up for himself, the two-step becoming a national anthem, a junk shop, the wireless (the wire-less telephone) transmitting Bach fugues, illuminated advertisements for placards for brothels, the organ broadcasting carnations for God, all this at the same time, and in real terms, replacing photography and unilateral catechism.

Active simplicity.

Inability to distinguish between degrees of clarity: to lick the penumbra and float in the big mouth filled with honey and excrement. Measured by the scale of eternity, all activity is vain - (if we allow thought to engage in an adventure the result of which would be infinitely grotesque and add significantly to our knowledge of human impotence). But supposing life to be a poor farce, without aim or initial parturition, and because we think it our duty to extricate ourselves as fresh and clean as washed chrysanthemums, we have proclaimed as the sole basis for agreement: art. It is not as important as we, mercenaries of the spirit, have been proclaiming for centuries. Art afflicts no one and those who manage to take an interest in it will harvest caresses and a fine opportunity to populate the country with their conversation. Art is a private affair, the artist produces it for himself, an intelligible work is the product of a journalist, and because at this moment it strikes my fancy to combine this monstrosity with oil paints: a paper tube simulating the metal that is automatically pressed and poured hatred cowardice villainy. The artist, the poet rejoice at the venom of the masses condensed into a section chief of this industry, he is happy to be insulted: it is a proof of his immutability. When a writer or artist is praised by the newspapers, it is a proof of the intelligibility of his work: wretched lining of a coat for public use; tatters covering brutality, piss contributing to the warmth of an animal brooding vile instincts. Flabby, insipid flesh reproducing with the help of typographical microbes.

We have thrown out the cry-baby in us. Any infiltration of this kind is candied diarrhoea. To encourage this act is to digest it. What we need is works that are strong straight precise and forever beyond understanding. Logic is a complication. Logic is always wrong. It draws the threads of notions, words, in their formal exterior, toward illusory ends and centres. Its chains kill, it is an enormous centipede stifling independence. Married to logic, art would live in incest, swallowing, engulfing its own tail, still part of its own body, fornicating within itself, and passion would become a nightmare tarred with protestantism, a monument, a heap of ponderous grey entrails. But the suppleness, enthusiasm, even the joy of injustice, this little truth which we practice innocently and which makes its beautiful: we are subtle and our fingers are malleable and slippery as the branches of that sinuous, almost liquid plant; it defines our soul, say the cynics. That too is a point of view; but all flowers are not sacred, fortunately, and the divine thing in us is to call to anti-human action. I am speaking of a paper flower for the buttonholes of the gentlemen who frequent the ball of masked life, the kitchen of grace, white cousins lithe or fat. They traffic with whatever we have selected. The contradiction and unity of poles in a single toss can be the truth. If one absolutely insists on uttering this platitude, the appendix of a libidinous, malodorous morality. Morality creates atrophy like every plague produced by intelligence. The control of morality and logic has inflicted us with impassivity in the presence of policemen who are the cause of slavery, putrid rats infecting the bowels of the bourgeoisie which have infected the only luminous clean corridors of glass that remained open to artists..


Let each man proclaim: there is a great negative work of destruction to be accomplished. We must sweep and clean. Affirm the cleanliness of the individual after the state of madness, aggressive complete madness of a world abandoned to the hands of bandits, who rend one another and destroy the centuries. Without aim or design, without organization: indomitable madness, decomposition. Those who are strong in words or force will survive, for they are quick in defence, the agility of limbs and sentiments flames on their faceted flanks.

Morality has determined charity and pity, two balls of fat that have grown like elephants, like planets, and are called good. There is nothing good about them. Goodness is lucid, clear and decided, pitiless toward compromise and politics. Morality is an injection of chocolate into the veins of all men. This task is not ordered by a supernatural force but by the trust of idea brokers and grasping academicians. Sentimentality: at the sight of a group of men quarrelling and bored, they invented the calendar and the medicament wisdom. With a sticking of labels the battle of the philosophers was set off (mercantilism, scales, meticulous and petty measures) and for the second time it was understood that pity is a sentiment like diarrhoea in relation to the disgust that destroys health, a foul attempt by carrion corpses to compromise the sun. I proclaim the opposition of all cosmic faculties to this gonorrhoea of a putrid sun issued from the factories of philosophical thought, I proclaim bitter struggle with all the weapons of –

DADAIST DISGUST

Every product of disgust capable of becoming a negation of the family is Dada; a protest with the fists of its whole being engaged in destructive action: Dada; knowledge of all the means rejected up until now by the shamefaced sex of comfortable compromise and good manners: DADA; abolition of logic, which is the dance of those impotent to create: DADA; of every social hierarchy and equation set up for the sake of values by our valets: DADA: every object, all objects, sentiments, obscurities, apparitions and the precise clash of parallel lines are weapons for the fight: DADA; abolition of memory: Dada; abolition of archaeology: DADA; abolition of prophets: DADA; abolition of the future: DADA; absolute and unquestionable faith in every god that is the immediate product of spontaneity: DADA; elegant and unprejudiced leap from a harmony to the other sphere; trajectory of a word tossed like a screeching phonograph record; to respect all individuals in their folly of the moment: whether it be serious, fearful, timid, ardent, vigorous, determined, enthusiastic; to divest one's church of eve ry useless cumbersome accessory; to spit out disagreeable or amorous ideas like a luminous waterfall, or coddle them—with the extreme satisfaction that it doesn't matter in the least - with the same intensity in the thicket of core's soul pure of insects for blood well-born, and gilded with bodies of archangels. Freedom: DADA DADA DADA, a roaring of tense colors, and interlacing of opposites and of all contradictions, grotesques, inconsistencies:

LIFE.


DADA MANIFESTO ON FREE LOVE AND BITTER LOVE
Tristan Tzara (c1920)
 

VI
It seems that this exists: more logical, very logical, too logical, less logical, not very logical, really logical, fairly logical.
Well then, draw the consequences.
"I have"
Now think of the creatures you love most.
"Done?"
Tell me the number and I'll tell you the lottery.
VIII
TO MAKE A DADAIST POEM
Take a newspaper.
Take some scissors.
Choose from this paper an article of the length you want to make your poem.
Cut out the article.
Next carefully cut out each of the words that makes up this article and put them all in a bag.
Shake Gently.
Next take out each cutting one after the other.
Copy conscientiously in the order in which they left the bag.
The poem will resemble you.
And there you are—an infinitely original author of charming sensibility, even though unappreciated by the vulgar herd.


MANIFESTO OF SURREALISM
André Breton (1924)

So strong is the belief in life, in what is most fragile in life – real life, I mean – that in the end this belief is lost. Man, that inveterate dreamer, daily more discontent with his destiny, has trouble assessing the objects he has been led to use, objects that his nonchalance has brought his way, or that he has earned through his own efforts, almost always through his own efforts, for he has agreed to work, at least he has not refused to try his luck (or what he calls his luck!). At this point he feels extremely modest: he knows what women he has had, what silly affairs he has been involved in; he is unimpressed by his wealth or his poverty, in this respect he is still a newborn babe and, as for the approval of his conscience, I confess that he does very nicely without it. If he still retains a certain lucidity, all he can do is turn back toward his childhood which, however his guides and mentors may have botched it, still strikes him as somehow charming. There, the absence of any known restrictions allows him the perspective of several lives lived at once; this illusion becomes firmly rooted within him; now he is only interested in the fleeting, the extreme facility of everything. Children set off each day without a worry in the world. Everything is near at hand, the worst material conditions are fine. The woods are white or black, one will never sleep.

But it is true that we would not dare venture so far, it is not merely a question of distance. Threat is piled upon threat, one yields, abandons a portion of the terrain to be conquered. This imagination which knows no bounds is henceforth allowed to be exercised only in strict accordance with the laws of an arbitrary utility; it is incapable of assuming this inferior role for very long and, in the vicinity of the twentieth year, generally prefers to abandon man to his lusterless fate.

Though he may later try to pull himself together on occasion, having felt that he is losing by slow degrees all reason for living, incapable as he has become of being able to rise to some exceptional situation such as love, he will hardly succeed. This is because he henceforth belongs body and soul to an imperative practical necessity which demands his constant attention. None of his gestures will be expansive, none of his ideas generous or far-reaching. In his mind’s eye, events real or imagined will be seen only as they relate to a welter of similar events, events in which he has not participated, abortive events. What am I saying: he will judge them in relationship to one of these events whose consequences are more reassuring than the others. On no account will he view them as his salvation.

Beloved imagination, what I most like in you is your unsparing quality.

There remains madness, "the madness that one locks up," as it has aptly been described. That madness or another…. We all know, in fact, that the insane owe their incarceration to a tiny number of legally reprehensible acts and that, were it not for these acts their freedom (or what we see as their freedom) would not be threatened. I am willing to admit that they are, to some degree, victims of their imagination, in that it induces them not to pay attention to certain rules – outside of which the species feels threatened – which we are all supposed to know and respect. But their profound indifference to the way in which we judge them, and even to the various punishments meted out to them, allows us to suppose that they derive a great deal of comfort and consolation from their imagination, that they enjoy their madness sufficiently to endure the thought that its validity does not extend beyond themselves. And, indeed, hallucinations, illusions, etc., are not a source of trifling pleasure. The best controlled sensuality partakes of it, and I know that there are many evenings when I would gladly that pretty hand which, during the last pages of Taine’s L’Intelligence, indulges in some curious misdeeds. I could spend my whole life prying loose the secrets of the insane. These people are honest to a fault, and their naiveté has no peer but my own. Christopher Columbus should have set out to discover America with a boatload of madmen. And note how this madness has taken shape, and endured.

It is not the fear of madness which will oblige us to leave the flag of imagination furled...



jueves, 15 de septiembre de 2016

Días de Berlín



CHICOS TRAVIESOS EN BERLIN

David Bowie, Iggy Pop y las cosas terribles que una audiencia puede conseguir que hagas

Chris Hodenfield | Rolling Stone | 04 de octubre 1979


Berlín es un esqueleto, que duele en el frío; es mi propio esqueleto dolorido.
Christopher Isherwood


David Bowie se trasladó a Berlín por ser un mundo lo más alejado posible de Los Ángeles. En Hollywood había dado con la gente equivocada. Viviendo a base de estimulantes de todas las variedades, coqueteando con ideas de poder, ascensión, dictadura - esas figuritas gloriosas que nos pueden parecer extrañas a tí y a mí, pero que parecían cómicas para alguien que había probado la histeria de la multitud desde el lado de la suerte de las candilejas.

Había llegado a ser un grande de la escena.

En Berlín, una ciudad que habían visitado ya otros artistas notorios, se puso humilde. El Rocanrol ya no era un vehículo para llegar al trono. Pero era una vida. En cualquier caso parece que allí iba a iniciar una carrera en el cine.

Jim Osterberg se trasladó a Berlín en torno al mismo tiempo que Bowie, la primavera de 1976. Con otros nombres suyos, como Iggy Stooge o Iggy Pop, originó una década antes desde Michigan lo que más tarde se conoció como la actitud punk-rock: música maníaca hirviendo en una pose funeraria. Tenía el rostro delgado, cara de sospechoso matón joven americano, y la pose no siempre estuvo de moda. Él también se encontró viviendo en la costa, y en Los Ángeles se había vuelto un sol en descenso. Paseando su rutina de yonqui por ahí, se convirtió en una persona de la calle, un vagabundo, cayendo muerto donde podía. Al final ingresó voluntariamente en el Hospital UCLA.

Su único visitante regular fue David Bowie. Le dijo que si se rehabilitaba podría unirse a la gira de Station To Station. Así que se activó y se unió a la compañía de aquel tour. Empezó otra vida en Berlín.

Poco después Bowie hizo entrar a Iggy en un estudio de grabación con vistas al Muro de Berlín y produjo El Idiota (1977), un álbum triste pero brillante si lo puedes tolerar. Bowie - considerado por sus seguidores probablemente como algún tipo de especimen raro y peligroso - debía parecer refinado y fiable junto al peligro auténtico de Iggy. El poder de Iggy y la maldición de Iggy es que siempre ha vivido según su criterio, a diferencia de aquellos que hacen de la impostura toda una producción, Alice Cooper, Kiss... o Bowie.

La primera vez que ví a Iggy fue en 1969, en un pabellón al aire libre en la ciudad de Nueva York y, mientras la brisa caliente de verano soplaba a través del escenario y esa música contundente trastornada nos golpeaba, se arañó el pecho hasta que sangró. Se arrojó de cabeza al público. Arrastró a todo el mundo a través del infierno. Era teatro espontáneo, no calculado. La basura desparramada en un escenario.

Inspiró en mí la crítica más dura que he escrito. Lo que se hizo en el pecho, yo le hice a su actuación. Se quedó lívido con aquello y pidió mi cabeza en una bandeja.

Volando hacia Berlín ocho años más tarde junto a su representante, Tim De Witt, no podía evitar pensar que cualquier otro comité de bienvenida sería preferible a Iggy Pop. Pero allí estaba esperando en el aeropuerto Tegl, lo mismo que hacía, en algún lugar de la metrópoli, su amigo David Bowie. Sin embargo, mientras que Iggy estaba luchando y abriendo su camino hacia una vida digna, Bowie se bañaba en las luces del Klieg, pues había sido contratado para una película, una película sobre la época de Berlín llamada 'Just a Gigolo'.

Iggy estaba temblando en la noche nevada, no llevaba más que una chaqueta de cuero negro y unos pantalones vaqueros. Todavía tenía esa cara delgada, peligrosa, pero ahora asomaba frecuentemente una gran sonrisa con hoyuelos, que de repente aparecía e inundaba toda su cara. Su novia, Esther, era casi un remedo físico de él. Una estadounidense, hija de un diplomático, tenía una delgadez famélica, una tez incolora de habitación cerrada que se mostraba aún más pálida con su cabello tintado de negro. Podrías decir que sus sonrisas eran descaradas; incluso se podría hablar de unos ojos perplejos.

Esther conducía el Volkswagen por Berlín, mientras Iggy hacía de guía turístico. "Ahí está el palacio de Charlottenburg. El emperador lo utilizaba para cultivar patatas en el jardín."

Pasamos por la prisión Spandau, que alberga a un solo prisionero, Rudolf Hess, ex ministro de Hitler, ahora con unos ochenta y cinco años, mala circulación, visión borrosa y una cadena perpetua. Aún así, la prisión es toda para él, así que vive en un monumento, y un inmenso monumento que es.

"¿Te das cuenta de lo tóxico que es este aire?" Iggy pregunta, dándose la vuelta mientras comía. "Es una cosa a tener en cuenta, el Luft Berlín. Estamos o demasiado lejos de Polonia o llega aire de las llanuras de Ucrania. Me gusta caminar por ahí. Cuando recién llegué aquí, sólo paseaba y paseaba. No pensaba en nada, sólo hablaba conmigo mismo."

Tiene que tener cierto romanticismo vivir en una ciudad tan al límite como esta, una isla, casi como un bosquejo de historieta del capitalismo, rodeada por la Alemania del Este. Una ciudad perpleja, amenazada con ser invadida, una ciudad que había visto toda guerra perdida desde 1871. La mayor parte de los espléndidos edificios antiguos de la ciudad habían sido bombardeados. Desaparecidas las balaustradas imperiales, las líneas de la Bauhaus, reemplazadas por el poco brillo de viviendas de hormigón prefabricado, ventanas sin marcos, planos urbanos sin sentido, apartamentos carcelarios. Iggy vivía en uno de esos recintos, en un apartamento calentado con estufa. Tenía un piano, pero no lo había afinado todavía, porque le gustaba su "sonido a lo Hoagy Carmichael."

Mientras nos llevaba por las calles, señaló un piano-bar, donde una vez le invitaron a subir al escenario y dio un recital de una media hora de canciones de Frank Sinatra. "Volví otra vez después", dice con una sonrisa. "Estaba borracho como una cuba, y empecé a hacer lo mío. Alguien se acercó a decirme algo, pero era mi escenario. Estoy cantando." Para ilustrar esto borra la alegría de su rostro y la sustituye por una mirada asesina. Es un gesto desarmante, a menudo sucede sin aviso ni motivo. Los labios se tensan y sólo parece interesarle la venganza. Su historia podría estar llena de primavera, pero su expresión denota delincuencia.

Llegamos a nuestro destino. La acera parece tornarse oscura, como una bacanal tétrica. Matones siniestros afuera de un local de rock con fachada de vidrio llamado Das Treibhaus - "La Casa Caliente".

"Berlín es un gran refugio de insumisos de toda Europa."

Iggy Pop


"¿Quieres comprar algo de droga?" Iggy dice a nadie en particular. Hunde las manos en los bolsillos. "Podemos verles vender droga. Algo de vida salvaje por estos lares. Los persas tienen tendencia a pelear. Los vi una vez coger sus tacos de billar y abrir... huchas. Nadie hace nada. Dejé de ir allí entonces. Es casi cómico. Berlín es un gran refugio de insumisos, de toda Europa."

Miro en el interior. Música oscura en la pista de baile. La gente bailaba como si estuvieran sacudiéndose los piojos del pelo. Nadie estaba vestido a la moda. Y nadie bailaba en parejas. Una barra rodea la pista de baile. Las mujeres permanecen solas.

Al lado, más pequeño y más sombrío, hay un garito de punk-rock. La música, aún más fuerte, es ese tipo de material habitual, abrasador y ansioso. Sólo un hombre bailaba, y era como si estuviera al mismo tiempo matando mosquitos y quitándose mierda de sus zapatos. Nadie tenía una bebida en la mano.

Pero Iggy se dirigía escaleras arriba a un lugar aún más depravado. Los sórdidos humores de Berlín nos habían llevado hasta allí, a una bolera en un callejón. No parecía muy diferente de cualquier Bowlarama de los suburbios de Ypsilanti, Michigan, la ciudad natal de Iggy. Mientras atábamos los cordones de nuestros zapatos de dos tonos para jugar a los bolos, Iggy decía: "Siempre quise venir a Alemania, incluso desde niño. Leía todo lo que encontraba sobre esto. Siempre supe que quería venir aquí, lo mismo que por ejemplo algunos siempre saben... que les gusta vestirse con ropa de mujer."

DAVID BOWIE es un tipo elegante, angular, ordenado y preciso, una mano en el bolsillo, una delgada sonrisa de reptil, y un repertorio de poses negligentes de lagarto de salón con su cigarrillo. Allí estaba en la pista de baile, con la sonrisa de un hombre mirando un carguero desaparecer en la niebla.

'Just A Gigolo' está ambientada en el periodo de 1918-1928, la depresión de posguerra que dio origen al nazismo. El director David Hemmings lo llama una historia de prostitución. Todo se convirtió en una especie de prostíbulo, y Bowie interpreta al oficial prusiano que termina ejerciendo de gigoló, una pareja de baile para las señoras a la hora del té que quizá tenía otros favores que vender, además de bailar.

La réplica la da una semi-señora interpretada por Marlene Dietrich, en su primera película desde 'Vencedores O Vencidos' (1961). Fue una elección arriesgada, porque todos asociamos a una joven Marlene con Berlín: empezó aquí como cantante de cabaret e interpretó a una en la película de 1930, El Ángel Azul, que le valió un billete a Hollywood. Dado que no quería tener nada que ver con Berlín a día de hoy, no iba a salir de París, donde está escribiendo sus memorias. Los productores han tenido que construir una réplica del Bar Edén en París. Dos días de actuación que según las informaciones le han reportado 250.000 dólares.

El plató del Bar Edén está arriba de un refugio sentimental llamado el Café Wien. En la planta baja hay una pista de baile de color rojo oscuro, rodeada de mesas iluminadas de color ámbar. Cada una tenía un teléfono para llamar a las otras mesas. Fritz, tal como en los viejos tiempos.

Ahí, los extras vestidos con trajes de etiqueta y sedas bailan al son de los graznidos de una banda. Bowie va a bailar un tango con una mujer con muchas curvas, una caricatura de mujer a lo George Grosz, vigorosa y con la boca untuosa. Ella desplaza su figura desgarbada a un lado y otro de la pista de baile. Sus ojos, como mandan los cánones, permanecen rígidamente impasibles. No hay más emoción en ese beso que en una serpiente de cascabel. Una cara sorprendentemente simétrica, destaca como en una fotografía color sepia. Él sabe que la frialdad impasible es un activo y, con su cálculo habitual, mantiene una quietud cerosa, como un famoso cadáver que todo el mundo ha venido a ver.

El director Hemmings, que también actúa en algunas escenas, debate con su camarógrafo. La gran viuda enfría sus talones en una esquina. Un extra se cuela en el set de la banda, acomoda la cola de su traje y se sienta al piano. El blues de los bajos fondos fluctúa y acapara la atención de la habitación. Incluso la cara morada de Hemmings le dedica un vistazo. Un extra adicional lleno de granos con una camisa de almidón se sienta a la batería y le complementa con un chasquido discreto. Bowie observa todo esto con su peso sobre una pierna, y la otra pierna extendida como un remo desechado.

Cuando termina su cigarrillo, se sienta en una silla de la banda y extrae el mustio saxofón de su soporte. Deliberadamente, prueba la lengüeta , y espera. El pianista, que había estado probando todo tipo de escalas y adornos, va reduciendo poco a poco a una sola línea de melodía básica y mira a Bowie con expectación. Bowie simplemente se sienta allí, inquieto, humedeciendo la lengüeta. La conversación se desacelera, y las caras asoman por encima de los hombros. Por último, emite una serie de pitidos que no dan demasiada vida a la melodía. El pianista, que se mostró confiado, ahora estaba preocupado. Bowie espera otro poco antes de lanzarse a por otro bocado.

Un extra con sombrero alto permanece sentado, despreocupado, en una mesa de la esquina, los dedos en un cigarrillo. Alto, erguido, con el pelo plateado peinado hacia atrás, tiene una expresión de cansina arrogancia, examinando la heterogénea reunión. Parece la clase de caballero que por lo general frecuenta el Café Wien, un hombre revisitando sus tiempos. Su ojo izquierdo parecía triste, y su ojo derecho parecía furioso. Parece fácil creer que una vez fue un orgulloso oficial, ahora reducido a estas circunstancias.

Cincuenta años de ropa sucia. Artur Vogdt ha sido portero de hotel en Berlín durante muchos regímenes, y sabe dónde está enterrado el pasado de cada uno. Ahora dirige el Hotel Continental en la calle principal de Berlín, el Kurfürstendamm. En los años veinte era una casa propiedad de una rica familia judía. Y ahora, después de subir un tramo de escaleras bobinado, encuentras a Artur regentando la recepción, dispuesto a contar historias. Conocía a cierta actriz cuando era la puta de Budapest, afirmando que él había trabajado para Joe Kennedy. Un ávido coleccionista de arte, también conocía los gustos de un centenar de artistas y poetas que, en algún momento u otro, se dejaron caer por el Continental.

Ahora que por fin estaba delante de un verdadero gigoló, Artur me iba sacando su colección de recuerdos de Café de sociedad. Hojeé. Postales del Rokokosaal Casanova. Matones con los sombreros calados a un lado en un estilo casi cincelado. Chicas modernas con las medias de seda y pelo corto, sin importarles un comino que se les vean las ligas.

De una pequeña grabadora sale el llanto estridente, agridulce, de un violinista gitano. A Artur le traiciona un tic nervioso.

"No los llamaban gigolós", dice. "Eran eintanzers, ¿sabes?. Fue después de esa canción 'Shöner Gigolo, Armer Gigolo' [en Estados Unidos 'Just a Gigolo'] que salió lo de "gigoló". Otra cosa, no eran ex-soldados, eran en su mayoría egipcios, algunos persas."

Las imágenes mostraban hombres lacados, lánguidos. ¿Era influencia de [Rodolfo] Valentino?

"Sí, tienes razón. Por supuesto. Al cien por ciento. Había tres pistas de carreras en Berlín en ese momento. Y tanta elegancia. Eso no se ve más. Los gigolós irían a la pista. Los eintanzers conducirían sus grandes Chrysler, ya sabes, con un gran asiento trasero. Una mujer pagaría el coche, otra el apartamento. Durante el baile arreglarían una cita para esa noche, ¿entiendes?"

Guiña lascivamente. "Todavía sé muchos de sus nombres de pila."

Asiente al ritmo de la música irónica. "Eso es un Boulanger, gitano. Cada vez que me siento triste, me pongo esto, y funciona de inmediato". Sus manos se animan y aparece una sonrisa. Pero era una cara que había visto demasiado daño, así que era sólo una mueca. "Una de las canciones que le he sugerido a David Hemmings para la película es Tango Nocturne. Era muy famosa en los años veinte. Hay muchas cosas que están mal en esta película. Incluso Sydne Rome [la amante de Bowie en la película], luce muy bella - pero es más de los años cincuenta que de los veinte." Mete la mano bajo el mostrador para darme mi llave.

"Los berlineses han perdido la sonrisa. Es trágico. Se olvidaron de la sonrisa. Los jóvenes beben y beben, ven sus televisores, consiguen tanta cerveza y brandy y se lo llevan a casa a ver la televisión. Incluso David Bowie sabe más acerca de arte expresionista que el noventa por ciento de los jóvenes aquí."

Artur da las buenas noches. El lamento del Boulanger se desliza a través de los pasillos.

Afuera de un viejo bar de travestis, el Lützower Lampe, en un remolque que hace las veces de vestidor, David Bowie se sienta y mira las fotos. Su bicicleta está en el remolque, también. Un casete reproduce las cuatro estaciones de Vivaldi. Hubo una vez, después de que abandonara la escuela secundaria, en que trabajó como artista comercial en una agencia de publicidad. En su álbum de fotos hay instantáneas de sus pinturas recientes y grabados en madera. La mayoría son mensajes aulladores, brillantes, que recuerdan al expresionismo de los años veinte. Una habitación con una mesa. Hay un sorprendente grabado en madera de una bailarina argentina.

"¿Te las he mostrado?" dijo, retrocediendo. "Nunca  la tuve, pero creo que podría estar recuperando la confianza de nuevo. Eso es un autorretrato," dice, mostrando una foto con una especie de cabeza de serpiente. "Ese es Iggy, sin sus gafas de profesor. Esa es su pose de Sólo quiero que me tomen en serio". Iggy, con el pelo a los lados, tiene una mirada triste, visto de arriba-hacia-abajo.

Otro autorretrato, esta vez con ojos voraces y una cara de pánico. ¡El dolor del actor! Luego un retrato de un hombre con extremidades infantiles anudadas como viejos tallos de maíz seco, las manos como palas, expresiones severas. Aún más severa era una pintura de Yukio Mishima, el autor japonés, con unos ojos enormes, de almendra. Un bosquejo de un hombre mirando en la distancia. "Ese era un camarero. Construyó su bar justo al lado del Muro. Sus padres viven en el lado oriental y esa es la forma en que se sentaba, mirando por la ventana hacia el Este."

Cerró el libro, se ajustó el abrigo y quitó su bicicleta del camino. Su transporte de invierno.

El día de rodaje estaba casi terminado. "Voy a volver a mi habitación para ver una hora de tele - ver las noticias, ya sabes, e irme a dormir." Sonriendo, muestra sus colmillos. "Tengo esa costumbre últimamente."

Berlín parece una ciudad que sigue pagando por sus pecados. Pero cruzas el Muro y entras al Berlín Oriental y se ven los agujeros de bala y las ventanas carbonizadas. Hay un inmenso campo de ladrillo machacado, donde una vez estuvo una de las mayores estaciones de tren de Europa. Berlín Este no está llena de salones y luces de neón amarillas que parpadean LOWENBRAU toda la noche. No se ve esa devoción al estilo y la frivolidad, y hay pocas caras relajadas con disipación. Pero en los peatones de Berlín Este se ven las caras frías, angulares, de Ucrania. En los nuevos, ya desmoronados edificios de apartamentos, levantados en momentos de pobreza, las antenas de televisión ilegales cuelgan de las ventanas. Los parques infantiles parecen carreras de obstáculos del ejército. piscinas cubiertas y gimnasios proliferan por todas partes.

En el puesto de control americano, los entrenados guardias todavía pasan espejos debajo de los coches para encontrar fugitivos. Estaba contento al volver al Oeste de Berlín, pero no por demasiado rato, tengo la misma sensación triste de nuevo. El Oeste de Berlin me recuerda a una vieja viuda en un salón desvencijado, que te enseña fotos de cuando era joven y te pide que no abras las cortinas.

"¿Te imaginas levantar un muro en la Quinta Avenida," David Hemmings dijo, "a sabiendas de que los neoyorquinos son los neoyorquinos, y sin embargo declarando repentinamente que la isla de Manhattan Este será comunista y el Oeste será capitalista? No podrías imaginar que Nueva York, después de quince años, podría tener un entorno cultural completamente diferente a ambos lados de la línea divisoria. Simplemente es una muestra, en un sentido, de lo maleable que es la naturaleza humana. Esa pared es del grueso de las culturas. Podrían ser 600 años de espesor. Me parece increíble que haya sucedido en un tiempo tan corto. en menos de una generación."

David Hemmings se sienta en el restaurante Istanbul. Mira al camarero y dice, antes de pedir el primero de muchos whiskies dobles, "Creo que voy a pedir sesos empanados, porque eso es lo que siento que tengo."

Su cara estaba hinchada.  De vez en cuando un reflejo de cuando era flaco, ese rostro decidido que habíamos visto en 1966 cuando interpretó al fotógrafo de 'Blow Up'. Fue un alivio, sin embargo, no ver la maldad que tan a menudo sus papeles exigían sino más bien la energía y el encanto del director en el set. Primero se le ofreció aparecer en la película como actor, pero usó sus considerables poderes de persuasión para ocupar él mismo la silla del director.

La comida turca llegó a la mesa a montones. He observado que, con Bowie y Kim Novak (una dama de sociedad que seduce a Bowie en la película), al menos tenía a dos actores fotogénicos con los que trabajar.

La voz de Hemmings, acelerada incluso en la oscuridad, de repente se vuelve tormenta. "Kim tiene una cualidad esencial que comparte con Bowie: la cámara los adora."

"En esta película David ha hecho cosas que sé que no son su mejor cualidad. Pero la cámara dice, no, David es realmente mucho mejor de lo que pensabas. Tal vez ser un artista, entender al público, y conocer al público, y saber sobre la proyección de la personalidad ... incluso eso no es algo que alguien alguna vez se sentó a enseñarle."

El público se siente atraído por una cierta quietud, una mirada distraída en los ojos.

Hemmings termina su whisky y lo deja con autoridad. "Había una vez una teoría acerca de los actores, que todo iba bien si no parpadeabas - Muchos actores. Olivier, Brando, De Niro, Newman, Redford - puedes verlos una y otra vez en la pantalla y nunca los verás parpadear. Hay otras teorías. Si eres miope y no usas las gafas, eso te da un tremendo aire de concentración, porque no puedes ver más allá de tu nariz. Creo que ese era el secreto de Vanessa Redgrave."

"No creo ninguna de esas teorías."

Entender al público... sabiendo la proyección de su personalidad. En algún momento, Bowie había aprendido todo eso.

Al igual que Cher, él sabe que a su público le gusta mirar algo. Con su altura, la rigidez del cuello y su palidez. El conjunto de los hombros, la forma de su cuello, revela una nueva disciplina física. Es algo digno de ver. No podría decirte si él es consciente, o cuando no lo es, de la proyección de su personalidad.

Bowie baja por el hueco de la escalera del Cafe Wien a las rojas, artificialmente pecaminosas, paredes satinadas del salón de baile principal. El traje de hoy es de lana vieja. Se sienta en una mesa y observa a la camarera de mejillas sonrosadas como si fuera una persona de confianza. "Ya sé lo que me gustaría," dijo alegremente en un alemán chapurreado. "Carne y huevos y patatas fritas y un vaso de leche."

Recordé que Bowie fue una vez mimo en la Compañía de Lindsay Kemp.

"Sí, lo fuí. Todavía hay una gran cantidad de Buster Keaton en todo lo que hago." Se ríe infantilmente, como si fuera a restarle elegancia.

Keaton, de entre todos los cómicos del cine mudo, no hizo uso de contorsiones faciales. Keaton fue muy físico, pero mantuvo una gran cara petrificada sobre la que no se podía leer nada.

"He estado rebajando la actuación enormemente, lo que me encanta. Mi mayor temor es exagerar, porque, al no tener mucha experiencia en la actuación, eso es exactamente lo que se espera que haría."

El acento de Bowie mantiene algo de la frescura regulada del acento de clase alta británica, pero en ocasiones se filtra su pasado en Brixton.

Le pregunté sobre cómo entrar en las circunstancias correctas "psicológicas" para una escena.

"Bueno, Victor Mature dijo una vez, cuando se le indicó qué pensar para una escena emocional, "Mira, tengo tres expresiones, tres miradas. Miro a la derecha, miro a la izquierda y miro al medio. ¿Cuál de ellas quieren? Eso parece lo mío. No me sentiría muy bien haciendo la parte emocional. Incluso cuando escribo canciones, a veces, voy a ver lo que he escrito y me digo, "Eso suena un poco blando. Y termino quitándolo."

Claro, dije. Sacar lo de "amor" y poner "ardor".

"Sí," estoy de acuerdo. "Incluso ahí, 'Ardo.' Ahora, eso dice algo."

¿Pero escuchas música emocional?

"Sí claro, todo lo contrario en ese sentido. Me gusta la música emocional de Vivaldi, Edith Piaf, la mejor cantante ardiente de todos los tiempos. Lotte Lenya, aunque con Lotte Lenya existe ese otro lado, el lado Kurt Weill - la cacofonía que apela al intelecto. A menudo lo que me gusta es hacer música muy emotiva y poner ese otro tipo de letra que logre una tercera cosa, un factor desconocido. Ahí volvemos de nuevo a lo de 'ardor' por 'amor'.

La camarera aparece con su carne, enterrada en huevos fritos y una montaña de patatas. Arregla su servilleta en su regazo.

"¿Has pedido ensalada? Bueno, hay dos conjuntos de cuchillos y tenedores así que si gustas..."

Yo estaba interesado en cómo se movía de un medio a otro, de la música a las películas. Incluso en el set, entre tomas, estaba haciendo grabados en madera.

Esta película, al parecer, era más para rehacer su imagen que para hacer dinero. Tenía giras mundiales programadas para hacer dinero, y admitió abiertamente que para eso eran. El dinero financiaría producciones futuras, incluso él mismo dirigiendo. "Porque debo tener el control", dijo.

Masticó eso durante un momento.

"He encontrado, finalmente, después de haber buscado algún tiempo, una especie de premisa en la música. Una serie de ideas filosóficas que puedo llamar herramientas. Una vez que tienes esas premisas, y esas herramientas, a continuación, puedes moverte, en mi opinión, a cualquier otra área de lo que se llama las artes. Cuando pueda hacer películas como director, también voy a usar esas herramientas ".

Clava una patata frita con su tenedor, la moja en la yema del huevo. "Te sirven raciones gigantescas en Alemania y América. Nunca puedo acabarlas."

Me estaba preguntando cuántos de esos extras de cine con cabellos de plata arriba en el set fueron alguna vez de verdad oficiales del ejército.

"Todos quieren salir en las películas. No, no, no, no lo entiendes. Aquí todo el mundo refugió a Judios en sus áticos. Si se les pregunta miraban por encima del hombro para ver si la costa estaba despejada, y después hablaban entre dientes con acento alemán. Pero las familias refugiaban Judios en el ático. Todo el mundo, todas las personas de edad que he conocido aquí eran socialistas. O comunistas: "Tiene que entender que en la calle estabamos luchando todo el tiempo." Lo cual es cierto, es por eso que Hitler puso su pulgar sobre la ciudad y decidió sentar base aquí, ya que este era el punto más problemático. Siempre había una gran facción comunista."

"Una cosa acerca de los berlineses, el resto de Alemania no puede soportar a los berlineses. Y los berlineses miran por encima del hombro al resto de Alemania. En lo que a ellos respecta, tienen un ingenio mucho más fuerte, muy cáustico, cínico. Es como Nueva York o Londres. Gran ingenio de ciudad."

"Son muy materia-de-hecho sobre las celebridades, música, tendencias, lo que sea. Esto hace que sea un lugar muy bueno para alguien como yo para vivir, porque puedo ser muy anónimo. Nunca me paran aquí. No parecen particularmente contentos de ver una cara famosa."

¿Así que era difícil en Los Ángeles?

"Oh." Cierra los ojos abnegado. "La ciudad que menos me gusta, me temo. Realmente la detesto a morir. Estoy seguro de que era porque yo estaba involucrado solamente con un círculo de personas, y mi marco de referencia era muy, muy limitado. Fue en parte mi propia culpa. Pero no encontré manera de conocer otros lados de L.A. Era una tienda cerrada para mí, así que me involucré por completo con gente tóxica ".

Corta un trozo de la clara de huevo y la mastica con dedicación. "Me metí en muchos problemas. Tenía que salir de ahí."

Existe la posibilidad de que hagas una película sobre el pintor expresionista vienés, Egon Schiele.

"Clive Donner me enseñó un guión y dijo que sería interesante que yo participara. Dibujó los supuestos paralelos inevitables entre nuestras vidas... la polémica y todo eso. Esa sería la tercera película que he elegido, pero para las tres antes habré tenido que rechazar tres billones en las que aparecería con piel verde y cuernos saliéndome de la cabeza y tocando la guitarra y aterrizando en la tierra para guiar a todos los niños a la libertad y la paz". Ofrece una sonrisa trastocada. "O matarlos a todos."

"Después de la película de Nic [el Nicolas Roeg de la película de 1976 'The Man Who Fell To Earth'], 'Stranger In a Strange Land' ocupó su cabeza, que es una película que estuve a punto de hacer desde que fue propuesta por primera vez a principios de los años setenta. Sólo que no quería verme atrapado en esa red y terminar interpretando siempre a un extraterrestre. Hacer de extraterrestre en la carretera durante un par de años fue divertido, pero se vuelve siniestro cuando la gente empieza a robarte tu vida real. Recibir ciertas cosas por correo no es lo mejor que te puede pasar. La gente te habla en lenguaje inventado y te envían cartas raras y dicen que están en contacto con las fuerzas y esperan que uno actúe como un marciano...

La relación de un artista con su público es una cosa divertida, dije. Empiezas a significar algo para la gente.

"Estoy en una posición curiosa. No sé lo que significo para la gente porque cambio de roles de manera tan drástica y tan a menudo. Debo confundir un montón a mucha gente."

Una vez más, se ríe infantilmente. Fue tan inesperado, esa reacción genial de su perplejidad. Se podría, en palabras de Nietzsche, comenzar a desconfiar de la gente inteligente cuando aparece la vergüenza.

"No soy un buen ejemplo a seguir, porque uno no puede cambiar la identidad así como así en la vida real, todo el tiempo, cada pocos meses." Se lo estaba tomando en serio. "La mayor parte de los héroes del celuloide o del rock and roll tienen una cualidad identificable que la gente puede mantener a raya y decir: Eso es, con eso me identifico. Lo acepto o no lo acepto."

Es más que aceptable, dije. Cambiar de personajes todo el tiempo mantiene a la audiencia interesada.

"Muy bien, muy bien. Sí, ya que estamos algo cortos de aventuras en el viejo sentido de la palabra, supongo que es útil contar con personajes que viven algún tipo de aventura, incluso si es sólo en algún nivel superficial. Las bellas artes, por lo general, son mi alta mar - ese es el curso por donde manejo mi barco. Porque una cosa que habría adorado haber sido, más que cualquier otra cosa, es un verdadero aventurero en el sentido anticuado y descubrir nuevas tierras."

"Interpreto o a seres extraños o a fanáticos. Aislacionistas es lo que estoy condenado a interpretar. El anacronismo. La persona correcta en el momento equivocado."
David Bowie

Tal vez tus personajes cambiantes son como Errol Flynn llendo del Capitán Blood a Robin Hood.

"Muy bonito, me gustaría poder creer en ese paralelismo en particular. Je, je. De un tipo de desafío a otro tipo de desafío, mis papeles tienden a moverse. Interpreto o a seres extraños o a fanáticos. Aislacionistas es lo que estoy condenado a interpretar. El anacronismo. La persona correcta en el momento equivocado."

El tono de su voz sube y se excita. "O la persona equivocada en el momento adecuado. Nunca en su sitio." Agarra sus cubiertos de nuevo. "No creo que sirva como galán."

¿No quieres ser un héroe romántico?

"No. Me gustaría algo agradable y oscuro. Algo que es un poco... rizado en los bordes, que no está del todo bien, y que ha sido puesto entre la espada y la pared demasiadas veces."

¿Por qué?

"Escribo música como esa," dice. "Y siempre he sido así hasta el último par de años. Y en Estados Unidos, específicamente, siempre me daban esa especie de trato. Habían llegado hasta mí, y era el momento del zoológico." Agarra el vaso de leche. "Pero siempre he sufrido de eso."

¿Así que la gente reaccionó a lo tuyo, y su reacción te estaba volviendo loco?

"Oh, sí, definitivamente, me sacó completamente y totalmente fuera de mi en Los Ángeles. Me puso muy cerca del borde. Tuve miedo por mi salud mental. Bueno, no hasta ese punto, en realidad, tuve la suerte de que tenía un par de amigos que me refugiaron en Jamaica para recuperarme, y dije: no vuelvo a América. Así que no volví. Y terminé en Berlín."

Un mensajero aparece en la mesa para hacerle volver al trabajo. "Bueno, tengo que ponerme en marcha de nuevo. Lo siento."

Se levantó con ese tenso caminar tan particular suyo, como un cangrejo que avanza de lado través del suelo marino.

Durante un tiempo me quedé allí sentado. El bar de abajo del Cafe Wien todavía estaba abierto, y algunos rezagados pasaban la tarde junto a la pálida luz. Seguían con la charla.

Me giré en mi asiento y vi a una señora de rostro dulce en las sombras, sentada con cautela, como si la silla le fuera a reprochar por ocupar demasiada superficie del asiento. No podría decir qué edad tenía: siempre debió parecer la hija de alguien. Su nombre era Margaret y se ofreció a invitarme a una bebida. Mezclamos nuestro idioma alemán. Margaret, agarrando su bolso con nerviosismo, dijo que solía venir aquí en 1929, y que seguía igual. Conoció a un oficial, lo conocía muy bien. Regresó a la granja en Prusia durante la guerra, pero entonces el oficial mandó a avisarla de que los rusos iban a invadir, por lo que vio el final de la guerra en Berlín. Y cuando la guerra había terminado, lo buscó por todas partes, pero nunca lo encontró. Hace mucho tiempo que se dio por vencida. Pero aún de vez en cuando se pasa por aquí para tomar una copa.

¿Y quienes, quería saber ella, eran todas estas personas arriba? Para una película sobre un gigoló, dije. Ella sonrió y preguntó: ¿como la canción, 'Shöner Gigolo, Armer Gigolo'? Sí, eso es. La recordaba. Canta, dije. Después de mucho insistir, lo hizo. La letra en alemán es muy diferente de la antigua versión de Bing Crosby. Con una voz más tranquila, más clara, Margaret cantó en sombras la canción que, traducida libremente, dice lo siguiente:

Encantador Gigoló, pobre gigoló
No pienses en los viejos tiempos
Con tu casaca con hombreras de oro
Podrías desfilar a caballo por la ciudad
Tu uniforme se fue
Tu amor dijo adiós
Hermoso mundo se está desgastando
Incluso si su corazón se está rompiendo
Muestra una cara sonriente
Pagamos y tú debes bailar

Cuando terminó, su rostro se puso rojo como remolacha. Ella quería saber si podíamos vernos aquí a las ocho para tomar una copa. Le dije que iba a intentarlo. "Hasta que nos encontremos otra vez", dijo en inglés. Vio su autobús afuera y salió corriendo por la nieve.

Mi última noche en Berlín me esperaba Iggy Pop en la barra del París, una sala de color verde tenue que sostiene un par de almas verdes. Parecían salidos del cuadro de Van Gogh 'Los Bebedores De Absenta'. Era arte real si lo puedes tolerar. Y así ha sido gran parte de la música de Iggy.

Pensé en Iggy y Bowie. Bowie se movía con gracia, medio escondido, británico, casi snob, siempre impresionante. En el escenario se manejaba tenso como un arco perfilado por una flecha, y el público esperando la liberación. Iggy Pop es tosco, sin gracejo, original, dispuesto, callejero, ingenuo, americano, aparentemente maldito, pero resistente, fuerte como un caballo - vamos a manejar este galope sobre la carretera por un tiempo. Bowie hará una selección y contratará un número de músicos de calidad, los llevará en una gira mundial de cuatro meses y se llevará un montón de pasta de vuelta a su hogar real, que está, después de todo, en Suiza.

Bowie es un hombre en control, e incluso cuando se sumerge en un comportamiento anormal, era el comportamiento de un hombre loco por lograr mayor control. Iggy reúne a sus amigos y recorre Europa, porque ahí es donde se le aprecia. Él va a terminar cada actuación sin aliento, ensangrentado, temido.

La primera vez que vi
a los chicos Dum Dum
Yo estaba facinado
Se quedaron delante
De la antigua farmacia
Lo que más me ha impresionado
No había nadie más impresionado
Para nada

(Iggy Pop) 'Dum Dum Boys'

Iggy Pop - los amigos le llaman Jim - se retuerce en el taburete de la barra del París. La mención a 'Dum Dum Boys' le recuerda con cariño a sus raíces. "Realmente me impresionó ... esos eran los chicos que estaban afuera del Marshall's Drug Store en Ann Arbor, donde solía ir de compras."

Su antigua adicción a la heroína es mencionada repetidamente en su conversación. Sigue fascinado con esa condena de la misma forma en que un alcohólico rehabilitado habla sobre el licor, la forma en que un Judio está fascinado con Hitler, o un cornudo piensa en su esposa.

Le pide a un camarero resentido con cara de patata un determinado vino blanco alemán. Se aleja con un encogimiento de hombros decepcionado.

"Nos tratarán mejor cuando venga Esther," dice el cantante." "Son muy dulces con ella."

El vino llega, y enseguida nos mojamos el gaznate. Sólo a regañadientes reconoce haber estado por delante de su tiempo. Como lo ve él, sus álbumes que se vendían por treinta y nueve centavos en las cestas de productos decatalogados ahora se venden por siete dólares, y él no gana nada con eso.

"Pero, ya sabes, significa mucho para mí que algo que hice valió la pena. Era todo un sustituto para lo de "Te amo". Todo se reducía a echar un polvo, de todos modos. La droga, lo que sea. Así que significa mucho para mí abrir la cortina y ver a toda esa gente ahí. Porque ... no es la multitud la que te quiere." "

Su rostro afable de repente se torna sombrío y tenso. "¿Pero qué es lo que te dan?" preguntó con una voz de rayos x. "Te doy cincuenta y cinco por un asiento y subiendo, y eso significa mucho. ¿Conoces a algún actor o músico de rock que no quiera ser rico?"

Se calma. "Odiaba al público, a veces, por las cosas que me hizo hacer. Son capullos. ¿Por qué vinieron a verme?"

¿Y por qué van a ver una película como 'Tiburón' o 'El Exorcista'?

"Veo lo que quieres decir. Venimos de sitios diferentes y tú eres más crítico."

Esther aparece como la Reina de Mayo y se desliza en el asiento, feliz de que la estuvieramos esperando. El camarero trae más de ese vino agridulce. Esther elimina la frialdad del tipo rápidamente. Algo que he notado en las ciudades densamente nubladas, digo, como Hamburgo, Londres, San Francisco y aquí, es que todas son refugio de escenas de sadomasoquismo y dominación.

Estuvo de acuerdo al instante. "Es por lo que estoy aquí. Por el sado. Estás aquí, hombre. Tienes que subirte a un avión para salir. Tienes que pasar por todas las aduanas, y tienes que pensar en todas las cosas que tienes que pasar para llegar hasta aquí. La escena de dominación. Hay algunos sitios realmente enfermizos."

Tuerce su cuello y saca las manos, como en la portada del álbum 'The Idiot'.

"Una noche me encerraron en una cabina telefónica. Dios, estaba borracho como una cuba. Fue en un lugar bastante fuerte que se llamaba The Jungle. Bueno, un chico se dedicaba a hacer eso. Sorprendía a las personas cuando estaban dentro de una cabina telefónica y los encerraba, y observaba cuando la policía venía a sacarlos. Pero yo no lo sabía. Sólo trataba de hacer una llamada telefónica, y ya estaba diciendo, "Oh, esto es una cosa de las mías, no soy capaz de salir." Alguien me vio allí y me pasaba cigarrillos por debajo de la puerta. Llevaba allí media hora hasta que llegó la policía. Estaba esperando algunas palabras subidas de tono, pero sólo se disculparon. Le ha pasado a una decena de personas últimamente."

Una historia perfecta, pensé. Otro estribillo del tema principal de Berlín, "Claustrofobia".

La noche comenzó a disolverse en las innumerables copas de vino. Luego pasó a hablar sobre su demanda en contra de una empapelador de pared. Y de todo lo que hablaba, ciertamente tenía ideas divertidas. Durante un rato, exhibió un claro dominio del sistema judicial de Berlín. Pero eso se desvaneció, y comenzó a bromear echándole cenizas de cigarrillo a Esther.

"Has sido una chica muy mala", dijo, burlándose enojado.

Esther aceptó la atención con una sonrisa feliz. Vagamente, le recuerdo cantando "My Funny Valentine" mientras pagábamos la cuenta. Y de alguna manera recuerdo que, en la noche nevada, Esther perdió la paciencia, haciendo crujir con rabia la nieve de las calles vacías. Y allí mismo, en Kantstrasse, el cantante se tumbó sobre el hielo negro crujiente, gimiendo, "Muy bien, quieres que me muera, me muero, aquí mismo." Y Esther se dirigía hacia una parada de taxis, gritando, "No tiene gracia."

Una vez dentro del taxi, se hicieron carantoñas y se agarraron del brazo. Todo estaba bien. Vimos la ciudad desvanecerse. El público te hace hacer cosas terribles.



Iggy & Esther, Berlin 1978. Esther Friedman



BAD BOYS IN BERLIN

David Bowie, Iggy Pop and the terrible things an audience can make you do

Chris Hodenfield | Rolling Stone | 4 October 1979


Berlin is a skeleton which aches in the cold; it is my own skeleton aching.
CHRISTOPHER ISHERWOOD


David Bowie moved to Berlin because it was a world as far removed from Los Angeles as he could find. In Hollywood, he'd fallen in with the wrong crowd. Living on stimulants of all varieties, he'd flirted with ideas of power, ascension, dictatorship - the glorious figurines that may seem strange to you and me, but seemed amusing to one who had tasted the crowd's hysteria from the lucky side of the footlights.

He'd gotten to be quite a high-hat.

In Berlin, a city that had known other takeover artists, he got humble. Rock & roll was no longer a vehicle for driving to the throne. But it was a living. It would finance a movie career, anyway.

Jim Osterberg moved to Berlin around the same time as Bowie, the spring of 1976. Going under other names, like Iggy Stooge and Iggy Pop, he had, more than a decade ago, originated in Michigan what later became known as the punk-rock masque: maniac music with a death-warmed-over pose. He had the lean, suspicious face of a young American hoodlum, and the pose was not always fashionable. He too found himself living on the Coast, and what he was in Los Angeles was a sun going down. Carrying a junk habit around, he became a street person, a drifter, crashing where he could. Finally, he committed himself to UCLA Hospital.

His only regular visitor there was David Bowie. Iggy was told that if he cleaned up, he could join Bowie's Station To Station tour. So he kicked and joined as a companion. He started another life in Berlin.

Soon after Bowie ushered Iggy into a recording studio overlooking the Berlin Wall and produced The Idiot (1977), a sad album but brilliant if you could tolerate it. Bowie - thought by his fans to probably be a mighty weird nogoodnik - must seem refined and reliable next to a real article like Iggy. Iggy's power and Iggy's curse is that he has always lived out his show, unlike those who make a production out of the pose, Alice Cooper, Kiss… or Bowie.

The first time I'd seen Iggy was in 1969, at an outdoor pavilion in New York City, and as the hot summer breeze blew across the stage, and the deranged, forceful music hammered us, he clawed his chest until it bled. He threw himself headlong into the audience. He dragged everybody through hell. It was spontaneous, not calculated, theatre. Trash showered onto the stage.

It inspired from me the harshest review I have ever written. What he did to his chest, I did to his act. He was livid about it, and called for my head on a platter.

Flying into Berlin eight years later, alongside his representative, Tim De Witt, I could think of better welcoming committees, than Iggy Pop. But he was down there waiting at the Tegl Airport and so, somewhere in the metropolis, was his friend David Bowie. However, while Iggy was fighting and scraping his way to a decent living, Bowie was bathing in Klieg lights, for he was signed to a motion picture, a Berlin period piece called Just a Gigolo.

Iggy stood shivering in the snowy night, wearing merely a black leather jacket and pegged jeans. He still had the lean, dangerous face, but now it had frequent access to a big, dimpled smile that suddenly appeared and ate up his entire face. His girlfriend, Esther, was almost a physical match for him. An American, daughter of a diplomat, she was starved-slender, with a colourless closed-room complexion made all the more pale by the rinsed-black hair. You'd have to call their smiles sassy; you might even call their eyes doomstruck.

Esther slogged the Volkswagen through Berlin, while Iggy played tour guide. "There's the Charlottenburg Palace. The emperor used to grow potatoes in that garden."

We passed Spandau Prison, which entertains just one prisoner, Rudolf Hess, Hitler's former deputy, now eighty-five, with bad circulation, blurred vision and a life sentence. Still, the prison is all his, so he has a monument, and an immense monument it is.

"You notice how intoxicating the air is are?" Iggy asked, turning around in his eat. "It's a big thing, the Berlin luft. We're or too far from Poland and the air sweeps in off the Ukraine plains. I like to walk around. When I first got here, I just walked and walked. Not thinking about anything. just talking to myself."

There must be a certain romance in living in a city out on the edge like this, an island, almost a cartoon sketch of capitalism, surrounded by East Germany. A doomstruck city, threatened by takeover, a city that had seen every war lost since 1871. Most of the city's splendid old buildings had been bombed away. Gone were the imperial balustrades, the pin-striped Bauhaus, replaced by dull shells of pressed concrete-prefabricated, bare-window, no-nonsense housing, apartments like jailhouses. Iggy lived out in these precincts, in a stove-heated apartment. He had a piano, but hadn't tuned it yet, because he liked its "Hoagy Carmichael sound."

As we drove through the streets, he pointed out a piano bar, where, once invited onstage, he gave them a half-hour of Frank Sinatra songs. "I went back another time," he said with a smile. "I was drunk as hell ,and I began getting into my thing. Somebody came up to tell me something, but it was my stage. I'm singing." To illustrate, he dropped the cheer from his face and replaced it with a murderous seriousness. It's a disarming move, often happening without warning or motive. The lips become tight and interested only in revenge. His story could be full of springtime, but his expression says Police Frame-up.

We reached our destination. The sidewalk held a scene of dark, ominous bacchanalia. Shadowy toughs stood outside a glass-fronted rock saloon called Das Treibhaus – or, the Hot House.

"Wanna buy some smack?" Iggy cracked to no one in particular. He buried his hands in his pockets. "We can watch them sell smack. Some wild life hanging out here. The Persians start fighting. I saw them once take their pool cues and break open the … piggy banks. Nobody does anything. I stopped going there then. It's almost comical. Berlin is a great holdout for draft dodgers, from all over Europe."

I looked inside. Leaden, black mass music vaulted over the dance floor. People danced like they were shaking lice out of their hair. Nobody was dressed fancy. And nobody danced in pairs. A bar circled the dance floor. Women stood alone.

Next door, smaller and bleaker, was a punk-rock joint. The music, even louder, was the usual searing, anxious stuff. Only one man danced, and it was as if he were simultaneously engaged in swatting mosquitoes and scraping shit off his shoes. Nobody had a drink in his hand.

But Iggy was heading upstairs to an even more depraved location. The sordid humours of Berlin had led us here, to a bowling alley. It looked no different than any Bowlarama back in Ypsilanti, Michigan, Iggy's home town. While we laced up our two-tone shoes, Iggy said: "I always wanted to come to Germany, even when I was a kid. I read everything about it. I always knew I wanted to come here, just like some guys always knew they wanted … to wear a dress."

DAVID BOWIE is an elegant, angular guy, neat and precise, one hand folded in his pocket, a thin, reptilian smile, and a lounge lizard's repertoire of negligent poses with the cigarette. He stood there on the dance floor, with the smile of a man watching a tramp steamer disappear into the fog.

Just A Gigolo is set in the period from 1918 to 1928, the postwar depression that gave birth to Nazidom. Director David Hemmings called this a story of prostitution. Everybody became some sort of prostitute, and Bowie portrays the Prussian officer who ended up a gigolo, a lady's teatime dance partner who perhaps had other favours to sell besides dancing.

Overseeing the overtures would be a demi-madam played by Marlene Dietrich, in her first movie since Judgment At Nuremberg (1961). It was an eerie choice, because we tie the younger Marlene to Berlin: she began as a cabaret singer here and played one in the 1930 picture The Blue Angel, which earned her a ticket to Hollywood. Since she'd have nothing to do with Berlin today, wouldn't leave Paris where she's writing her memoirs, the producers were having to build a mockup of the Eden Bar set in Paris. Two days of acting would reportedly earn her $250,000.

The Eden Bar set was upstairs in a sentimental retreat called the Cafe Wien. Downstairs was a dim red dance floor, surrounded by amber-lit tables. Each one had a telephone for calling other tables. Fritz, it was just like the old days.

Up here, the milling extras in tuxedos and silks danced to a squawk band. Bowie was to dance a mad tango with a billowing woman, a George Grosz caricature of a woman, smeary mouthed and vigorous. She glad-handled his ungainly figure across the dance floor. His eyes, according to the style, were rigidly impassive. There was no more emotion on that kisser than on a rattlesnake's. A strikingly symmetrical face, it stood out like a sepia-toned photograph. He knows the impassive coldness is an asset and, with typical calculation, keeps to a waxy stillness, like a famous cadaver that everyone's come to see.

Director Hemmings, who also acts in a few scenes, turned to debating with his cameraman. The grand dowager cooled her heels in the corner. An extra sneaked up to the bandstand, spread his swallowtails and sat down at the piano. A low-life blues score flowed forth and the room's attention was soon his. Even purple-faced Hemmings gave him a glance. A pimply extra in a starch-front shirt moved to the drums and lent a discreet clacking. Bowie watched all this with his weight on one leg, and the other leg outstretched like a cast off oar.

When he'd used up his cigarette, he sat down in a band chair and hoisted up the moss-covered saxophone from its stand. He deliberated, tested the reed, and waited. The pianist, who had been spooning up all kinds of ruffles and flourishes, gradually calmed down to a basic melody line and looked at Bowie with anticipation. Bowie just sat there, preoccupied, wetting the reed. Conversation slowed, and faces peered over shoulders. Finally, he released a string of squawks that didn't take too many years off the life of the melody. The pianist, who once seemed confident, now was worried. Bowie waited a few more bars before volunteering another mouthful.

One high-hatted extra sat, unconcerned, at a corner table, fingering a cigarette. Tall, erect, with silver hair combed straight back, he wore an expression of weary arrogance, surveying the hybrid gathering. He seemed just the kind of gentleman who usually inhabits the Cafe Wien, a man revisiting his time. His left eye seemed sad, and his right eye seemed furious. It was easy to believe that he was a once-proud officer, now reduced to these circumstances.

Fifty years of dirty laundry. Artur Vogdt has been a hotel porter in Berlin through many regimes, and he knows where people's pasts are buried. Now he runs the Hotel Continental on Berlin's main drag, the Kurfurstendamm. In the Twenties, this was a house owned by a wealthy Jewish family. And now, after you climb a winding flight of stairs, you find Artur holding court at the front desk, ready to tell tales. He knew a certain actress when she was the whore of Budapest, claimed he'd run for Joe Kennedy. An avid art collector, he also knew the tastes of a hundred artists and poets who, one time or another, flopped at the Continental.

So that I would know what a real gigolo looked like, Artur pulled out his collection of cafe-society memorabilia. I leafed through. Post cards from the Rokokosaal Casanova. Stylish woodcuts of roughnecks with squat hats pulled low. Modern girls with bobbed hair and silk stockings, not caring a fig who saw their garters.

From a small tape recorder came the scratchy, bittersweet lament of a gipsy violinist. Artur betrayed a nervous wink.

"They were not called gigolos," he said. "They were eintanzers, you see. It was after this song 'Shöner Gigolo, Armer Gigolo' [in America, "Just a Gigolo"] that you heard the name 'gigolo'. Another thing, they were not former soldiers, they were mostly Egyptians, a few Persians."

The pictures showed languid, lacquered men. Was it the influence of [Rudolph] Valentino?

"Yes, you are right. Absolutely. One hundred percent. There were three racetracks in Berlin at that time. And so much elegance. You don't see it so much any more. The gigolos would go to the track. The eintanzers would drive the big Chrysler car, you know, with rumble seat? One woman they'd get to pay for the car, the other to pay for the apartment. While dancing, they would make an appointment for the evening, you understand?"

He winked lasciviously. "I still know many of their first names."

He nodded to the ironic music. "This is Boulanger, a gipsy. Whenever I feel sad, I put this on, and right away". His hands rose and so did a smile. But it was a face that knew too much hurt, so it was only a grimace. "One song I have told David Hemmings to put into this movie, Tango Nocturne. It was very famous in the Twenties. A lot of things are wrong with this movie. Even Sydne Rome [Bowie's lover in the film], she is made up to look beautiful - but it's more Fifties than Twenties." He reached under the counter for my key.

"The Berliners have lost the smile. It is tragic. They forgot the smile. The young people drink and drink, they watch their TV, they get so much beer and brandy and take it home and watch TV. Even David Bowie knows more about expressionist art than ninety percent of the young people here."

Artur said good night. Boulanger's lament wove through the hallways.

Outside an old-time transvestite bar, the Lützower Lampe, in a dressing room trailer, David Bowie sat and looked at pictures. His bicycle was in the trailer, too. A cassette played Vivaldi's Four Seasons. Once upon a time, after he'd dropped out of high school, he worked as a commercial artist in an ad agency. In his photo album there were snapshots of his recent paintings and woodcuts. Most were stark, howling messages, reminiscent of Twenties expressionism. A room with a table. There was a startling woodcut of an Argentine dancer.

"Have I shown them?" he said, recoiling. "Never have, but I think I might be getting the confidence up again. That's a self-portrait," he said, turning over a snake-faced head-shot. "That's Iggy, without his professor's glasses. That's his 'I just want to be taken seriously' look." Iggy, with parted hair, had a sad, up-from-under stare.

Another self-portrait, this one with ravenous eyes and a stricken face. The actor's grief! Then, a portrait of a man with child gnarled limbs like old, dry cornstalks, hands like shovels, expressions of severity. Even more severe was a painting of Yukio Mishima, the Japanese author, with huge, almond eyes. A sketch of a man looking into the distance. "That's a bartender. He built his bar right alongside the Wall. His parents live on the East side and that's just how he sits, looking out the window at the East."

He closed the book, adjusted his wrap and moved his bicycle out of the way. His winter transport.

The shooting day was almost done. "I'll be going back to my room to watch one hour of telly – got to catch the news, you know and go to sleep." Smiling, he showed his eyeteeth. "I've got into the habit lately."

Berlin looks like a city that continues to pay for its sins. But cross the Wall and enter East Berlin and you see the bullet holes and the charred windows. There is an immense field of crushed brick where once stood one of the largest train stations in Europe. East Berlin is not littered with saloons and yellow neon signs that blink LOWENBRAU all night. You don't see the devotion to style and frivolity, and not so many faces hang loose with dissipation. But on the pedestrians of East Berlin you will see cold, angular faces of the Ukraine. In the new, already crumbling gingerbread apartment buildings, thrown together in a time of poverty, illegal television antennas hang from the windows. Children's playgrounds look like army obstacle courses. Indoor pools and gymnasiums are everywhere.

At Checkpoint Charlie, the trained-bear guards still push rolling mirrors under cars to find escapees. I was glad to be back in West Berlin, but in not too many hours, I got that same sad feeling again. West Berlin reminds me of an old dowager in a musty parlour, who shows you pictures of her youth and begs you not to open the curtains.

"Can you imagine running a wall down Fifth Avenue," David Hemmings had said, "knowing that New Yorkers are New Yorkers, and yet declaring suddenly that the island of Manhattan East will be Communist and West will be capitalist? You wouldn't believe that New York, after fifteen years, could have a completely different cultural environment on both sides of the dividing line. It just goes to show, in a sense, how malleable human nature is. That wall is cultures thick. It could be 600 years thick. I find it amazing that it could have taken place in so short a time. In less than a full generation."

David Hemmings sat down in the Istanbul Restaurant. He looked at the waiter and said, before ordering the first of many double Scotches, "I think I'll have the breaded brains, because that's what I feel I've got."

His face was puffy. Flashing through occasionally was that gaunt and driven face we'd seen in 1966 when he played the photographer in Blow Up. It was a relief, however, not to see the nastiness his roles so often demanded but rather see the energy and charm of the director on set. He was first approached to be in this picture as an actor, but he used his considerable powers of oration to talk himself into the director's chair.

The Turkish repast arrived on the table in mounds. I noted that, with Bowie and Kim Novak (a society matron who seduces Bowie in the movie), he at least had two photogenic actors to work with.

Hemmings' voice, accelerated even in gloom, suddenly gathered up to full storm. "Kim has an essential quality that she shares with Bowie: the camera adores them both."

"In this movie David has done things I've known are not his best. But the camera says, no, David was really much better than you thought. Perhaps being a performer, understanding the public, and knowing the public, and knowing about the projection of personality … even that is not something that anyone ever sat down and taught him."

Audiences are captivated by a certain stillness, a distracted look in the eyes.

Hemmings finished his Scotch and set it down with authority. "There was a theory once about actors, that you did well if you didn't blink. Many actors - Olivier, Brando, De Niro, Newman, Redford - you can watch them time and time again on screen and you never see them blink. There were other theories. If you were shortsighted and didn't wear your glasses, that gave you a tremendous air of concentration because you couldn't see further than your nose. I think that was Vanessa Redgrave's secret.

"I don't believe any of the theories."

Understanding the public… knowing the projection of personality. Somewhere along the line, Bowie had learned all this.

Like Cher, he knows that his public likes to look at something. He stands about six feet, stiff-necked and pale. The set of his shoulders, the cords of his neck, reveal a new physical discipline. He's something to see. I couldn't tell you if he knows when he is, and when he is not, projecting his personality.

Bowie walked down the draughty stairwell of the Cafe Wien to the red, artificially sinful, brocaded walls of the main dance hall. Today's costume was an old wool suit. He sat down at a table and regarded the apple-cheeked waitress as if she was a trusted friend. "I know, what I'd like," he said cheerfully in a broken German. "Steak and eggs and chips and a glass of milk."

I recalled that Bowie was once a mime in Lindsay Kemp's troupe.

"Yes I was. There's still a lot of Buster Keaton in everything I do." He laughed boyishly, as if to take the posh off it.

Keaton, of all the silent screen comedians, did not use facial contortions. Keaton was very physical, but kept a Great Stone Face on which you could read anything.

"I've been underplaying incredibly, which I love. My greatest fear is to overplay, because, not having much acting experience, that's exactly what I would do."

Bowie's accent maintains something of the regulated crispness of the British upper-class accent, but seeping in occasionally is his Brixton past.

I asked him about getting into the right "psychological circumstances" for a scene.

"Well, Victor Mature said, when he was once told what to think for an emotional scene, 'Look, I've got three expressions, three looks. I look right, I look left and I look down the middle. Which one do ya want? That sounds like me. I wouldn't be very good doing the emotional stuff. Even when I write songs, sometimes, I'll see what I've written and say to myself, "That sounds a bit soft.' And I'll rub it out."

Sure, I said. Take out that "love" and put in "glove."

"Yes,' he agreed. "Even there, 'I glove you.' Now that says something."

But you listen to emotional music?

"Yes I do, quite the opposite there. I love the emotional music of Vivaldi, Edith Piaf, the greatest torch singer ever. Lotte Lenya, although with Lotte Lenya, there's that other side, that Kurt Weill business – the cacophony that appeals to the intellect. Often what I like to do is make very emotional music and put on another kind of lyric that will hopefully make a third thing, an unknown factor. There we come right back to 'glove' for 'love.'

The waitress appeared with his steak, buried in sunny-side up eggs and a mountain of chips. He arranged his napkin in his lap.

"You ordered the salad? Well, there are two sets of knives and forks, so tuck in."

I was interested in how he moved from medium to medium, from music to movies. Even on the set, between takes, he was making woodcuts.

This movie, it appeared, was more to remake his image than to make money. He had world concert tours scheduled to take care of the money, and he openly admitted that's all they were for. The money would finance future productions, himself directing. "Because I must remain in control," he said.

He chewed this over for a moment.

"I found, eventually, after searching for some time, some kind of premise in music. Some sort of philosophical ideas that I can call tools. Once you have that premise, and those tools, you can then move into, I believe, any other area of what one calls the arts. When I turn my hands to making films as a director, I will also have those tools."

He speared a french fry with his fork, dabbed it into the egg yolk. "They always deliver such gigantic quantities in Germany and America. I never get near finishing."

I was just wondering which of those silver-haired movie extras upstairs on the set was once an officer?

"They all want to be in the movies. No, no, no, you don't understand. Everybody here kept Jews in their attics. If you ask them." He looked over his shoulder to see if the coast was clear, then hissed in a mock German accent, " 'But our family kept Jews in ze attic.' Everybody, every old person I've met here was a socialist. Or a Communist. 'You must understand, zere was street fighting all the time in Berlin.' Which is true, that's why Hitler put his thumb on the city and decided to set up base here, because this was the most troublesome spot. There was always a very large Communist faction.

"One thing about Berliners, the rest of Germany can't stand Berliners, and Berliners look down on the rest of Germany. As far as they're concerned, they have a much stronger wit, very caustic, cynical wit. It's kind of like New York or London. Big city wit.

"They're very matter-of-fact about celebrities, music, trends, whatever. It makes it a very good place for someone like me to live, because I can be incredibly anonymous. You never get stopped here. They don't seem particularly joyful about seeing a famous face."

So you had a hard time in LA?

"Oh." He closed his eyes in pain. "My least favourite city, I'm afraid. I really loathe it with a vengeance. I'm sure it was because I was only involved with a circle of people, and my frame of reference was very, very limited. It was partly my own fault. But I saw no escape to find out about the other sides of LA It was a closed shop to me, so I got in completely with toxic people."

He pared off a sliver of egg white and chewed it with concern. "I got into a lot trouble. I just had to get out."

There was the possibility of your doing film about the Viennese expressionist painter, Egon Schiele.

"Clive Donner approached me with a script and said I'd be interesting. He drew the inevitable parallels between our supposed lives - controversy and whatnot. That'd be the third film I've chosen, but for those three, I must have turned down three trillion in which I'd have had green skin an funny horns coming out of my head and play the guitar and I land on earth and I lead all the kids to freedom and peace." He offered a sick smile. "Or kill them all.

"After Nic's film [Nicolas Roeg's The Man Who Fell to Earth, 1976], Stranger In A Strange Land reared its head, which is a film I was close to doing ever since it was first suggested in the early seventies. I just wanted to not be caught up in that web and end up as the eternal alien. Playing the role of the alien on the road for a couple of years was fun, but there's that ominous thing when people start taking your life apart. To get things in the mail is not the nicest thing. People speak to you in gobbledygook language and send you funny letters and say that they're in touch with forces that be and expect one to act like a Martian..

An entertainer's rapport with an audience is a funny thing, I said. You begin to mean something to people.

"I'm in a funny position. I don't know what I mean to people because I change my roles so drastically and so often. I must really screw up a lot of people!"

Again he laughed boyishly. It was so unexpected, this genial, perplexed reaction of his. One could, is in Nietzsche's words, begin to distrust the very clever when they become embarrassed.

"I'm not a good example to follow, because one can't change one's identity like that in real life all the time, every few months." He was taking it seriously. "Most of the celluloid or rock & roll heroes have one identifiable quality that people can hold off and say. 'This is it, this is where they belong. I accept it or I don't accept it."'

It's more than acceptable, I said. Changing characters all the time keeps the audience wondering.

"Quite right, quite right. Yes, as we are somewhat short of adventures in the old sense of the word, I guess it is useful to have characters that live out some kind of adventure, even if it is only on some sort of superficial level. The fine arts, generally, are my high seas - that's the course I take my ship on. Because one thing I would have adored to have been, more than anything else, is a real old-fashioned adventurer and discover new lands"

Maybe your changing characters is like Errol Flynn going from Captain Blood to Robin Hood.

"Very nice, I wish I could believe in that particular parallel. Heh-heh. From one kind of awkwardness to another kind of awkwardness, my roles tend to move. I play either awkward people or fanatics. Isolationists is what I'm doomed to play. The anachronism. The right person in the wrong time."

His voice lifted and he got excited. "Or the wrong person in the right time. Never will I quite match." He picked up his silverware again. "I don't think I'll ever make the greatest loverboy."

You don't want to be a romantic hero?

"No. I'd like something nice and obscure. Something that's a bit … curly at the edges, that's not quite right, and been smacked against the wall a few times too many."

Why?

"I write music like that," he said. And I've always been that up until the last couple of years. And in America, specifically, I was always approached with that feeling from people. They'd come up to me, and it was always zoo time." He raised the milk glass. "But I always suffer that."

So people reacted to you, and their reaction made you crazy?

"Oh, quite definitely yes. It drove me utterly and totally out of my skull in Los Angeles. I got very near the edge. I did fear for my sanity. Well, I didn't, actually; I was fortunate enough in that I had a couple of friends who sent me off to Jamaica to recuperate, and said, 'Don't go back to America.' So I didn't. And I ended up in Berlin."

A messenger appeared at the table to call him back to work. "Well, I have to get racking again. I'm sorry."

He moved off with that tense walk of his, like a crab scuttling sideways across the ocean floor.

For a while I sat there. The downstairs bar of the Cafe Wien was still open for business, and a few stragglers nursed the afternoon along in the pale light. They made with the talk.

I turned in my seat and noticed a sweet-faced lady there in the shadows, sitting gingerly, as if the chair would reproach her for taking up too much of the seat. I couldn't tell you how old she was: she'd always look like someone's daughter. Her name was Margaret and she offered to buy me a drink. We mixed up our German languages. Margaret, clutching her bag nervously, said she used to come here in 1929, and it was just like this. She knew an officer, she knew him well. She went back to the farm in Prussia during the war, but then the officer sent word to her that the Russians would take it over, so she saw the end of the war in Berlin. And when the war was over, she looked high and low for him, but she never found him. Long ago she gave up. But still she comes here on occasion for a drink.

And who, she wanted to know, were all these people upstairs? For a gigolo movie, I said. She smiled and asked, was it the song, 'Shöner Gigolo, Armer Gigolo'? Yes, it was. She remembered it and bummed a few bars. Sing it, I said. After much persuasion, she did. The German lyrics are very different from the old Bing Crosby version. In quietest, clearest voice, Margaret sang in shadows the song that, liberally translated, says this:

Lovely Gigolo, poor gigolo
Don't think about the old times
As you has Hussar with golden epaulettes
Could parade your horse through town
Uniform is gone
Your love said adieu
Beautiful world is fraying
Even if your heart is breaking
Show a smiling face
We pay and you must dance

When she finished, her face went beet red. She wanted to know if we could meet here at eight for a drink. I said I'd try. Till we meet again, she said in English. She saw her bus outside and ran off into the snow.

My last night in Berlin I waited for Iggy Pop in the Paris Bar, a subdued green room holding a few green souls. They had all stepped right out of Van Gogh's The Absinth Drinkers. It was real art if you could tolerate it. And so has been much of Iggy's music.

I thought about Iggy and Bowie. Bowie moved gracefully, half-hidden, British, almost snobbish, always impressive. Onstage, he holds himself taut as a bow drawn by an arrow, and the audience waits for the release. Iggy Pop is sullen, graceless, original, willing, street smart, naive, American, seemingly doomed, but resilient, strong as a horse - we'll get this jalopy fixed up and on the road in no time. Bowie will cast around the music scene and pick out a number of quality musicians, take them on a four-month world tour and take a pile of dough back to his real home, which is, after all, in Switzerland.

Bowie is a man in control, and even when he dipped into freakish behaviour, it was the behaviour of a man mad for more control. Iggy assembles his friends and tours Europe, because that's where he's regarded. He'll come out of a performance winded, bloodied, feared.

The first time I saw
The dum dum boys
I was fascinated
They just stood in front
Of the old drug store
I was most impressed
No one else was impressed
Not at all

'Dum Dum Boys' (Iggy Pop)

Iggy Pop - friends call him Jim - folded into the booth at the Paris Bar. Mention of 'Dum Dum Boys' sent him fondly remembering his roots. "I really was impressed … those were the guys who stood outside Marshall's Drug Store in Ann Arbor, where I used to go buy works."

His old heroin habit was repeatedly revived in his conversation. He remains fascinated with its evil the way a reformed alcoholic talks about booze, the way a Jew is fascinated with Hitler, or a cuckold thinks about his wife.

He asked the resentful, potato-faced bartender for a certain German blanco. He walked away with a disappointed shrug.

"They'll treat us nicer when Esther arrives, the singer said. "'They're really sweet for her."

The wine came, and we immediately got our teeth mixed up in it. Only grudgingly would he recognise being ahead of his time. The way he saw it, his albums that sold for thirty-nine cents in the remainder bins are now going for seven bucks, and what does he see out of that?

"But, you know, it means a lot to me that something I did was worth something. It was all replacement for 'I love you.' It all comes to getting laid, anyway. Dope, whatever. It means a lot to me to have the curtain open up and see all those people there. Because … the crowd doesn't love you."

His affable face suddenly grew grim and taut. "But what do they give you?" he asked in an x-ray voice. "They give you five-fifty a seat and up, and that means a lot. Do you know one actor or rock musician who doesn't want to be rich?"

He calmed down. "I hated the audience, at times, for things they made you do. They're cunts. Why did they come see me?"

And why did they go see a movie like Jaws or The Exorcist?

"I can see why you said that. We just come from different places and you're more critical."

Esther breezed in like the Queen of the May and slid into the seat, happy that we were waiting for her. The waiter rushed up with more of the bittersweet wine. Esther took the chill off that guy fast. Something I've noticed about heavily overcast towns, I said, like Hamburg, London, San Francisco and here, is that all are homes for bondage and domination scenes.

He agreed instantly. "That's why I'm here. For the bondage. You're here, man. You have to get on a plane to get out. You gotta go through all the customs, and you gotta think about all the things you gotta go through to get outta here. The domination scene. There're some sick, sick places."

He threw a crook into his neck and stuck his hands out rigid, The Idiot album cover.

"One night I got locked in a phone booth. God, I was drunk as hell. It was outside of a pretty tough place called the jungle. Well, a guy's been doing this. He sneaks up on people when they're inside a phone booth and locks them in, and watches the police come and get them out. But I didn't know that. I was just trying to make this phone call, and I was saying, 'Oh, this is me, I can't get out.' Somebody saw me in there and they were slipping me cigarettes under the door. I was in there for a half-hour until the police came. I was waiting for some strong words, but they just dismissed it. It's happened to about ten people lately."

A perfect story, I thought. just another chorus of Berlin's theme song, 'Claustrophobia'.

The night began to drift apart in the numberless glasses of wine. He went on about his lawsuit against a wallpaper hanger. And whatever he went on about, he certainly had severe ideas of fun. For a while there, he exhibited a clear command of the Berlin judicial system. But that faded, and he began playfully flicking cigarette ashes at Esther.

"You've been a very bad girl," he said, mock angry.

Esther accepted the endearments with a happy smile. Dimly, I remember that he was singing 'My Funny Valentine' as we paid the bill. And somehow I recall that, out in the snowy night, Esther lost her patience, crunching angrily through the snow of the big, empty streets. And right there on Kantstrasse, the singer laid down on the crusty black ice, moaning, "All right, you want me to die, I'm dying, right here." And Esther stamped off toward a taxi rank, yelling, "It's not cute any more."

Bundled inside the taxi, they smooched and locked arms. Everything was fine. We watched the city slip away. An audience makes you do terrible things.

[Bowie Golden Years]



Iggy Pop, Berlin 1978. Esther Friedman