lunes, 10 de diciembre de 2012

Walt Whitman



Con el reflujo del océano de la vida

1
Con el reflujo del océano de la vida,
Cuando me encaminaba por las playas que conozco,
Cuando paseaba allí donde las ondas te bañan,
Paumanok,
Allí donde murmuran roncas y sibilantes,
Allí donde la vieja madre cruel llora por sus hijos abandonados,
Yo, mientras meditaba una tarde de otoño y miraba hacia el sur,
Retenido por mi yo eléctrico fuera del orgullo que me dicta poemas,
Fui arrebatado por el espíritu que se arrastra bajo mis pies,
En el borde, el sedimento que representa toda el agua
y toda la tierra del globo.
Fascinados, mis ojos volvieron del sur, cayeron, para
seguir aquellas finas hileras de hierba,
Broza, paja, astillas, maleza, légamo,
Espuma, costras de las rocas brillantes, hojas abandonadas
por la marea,
Recorrí millas y millas; a un lado, el fragor de las olas al romperse,
Allí, Paumanok, mientras yo pensaba el antiguo
pensamiento de las semejanzas,
Que tú me ofreciste, isla pisciforme,
Cuando vagaba por las playas que conozco,
Cuando caminaba con mi yo eléctrico en busca de modelos.

2
Mientras recorro las playas que no conozco,
Mientras escucho la endecha, las voces de los hombres y mujeres náufragos,
Mientras aspiro las brisas impalpables que me asedian,
Mientras el océano - tan misterioso - se aproxima a mí cada vez más,
Yo no soy sino un insignificante madero abandonado por la resaca,
Un puñado de arena y hojas muertas,
Y me confundo con las arenas y con los restos del naufragio.
¡Oh! Desconcertado, frustrado, humillado hasta el polvo,
Oprimido por el peso de mí mismo, pues me he atrevido a abrir la boca,
Sabiendo ya que en medio de esa verbosidad cuyos
ecos oigo, jamás he sospechado qué o quién soy,
A no ser que, ante todos mis arrogantes poemas, mi señero,
Apartado, escarneciéndome con señas y reverencias
burlonamente amables,
Con carcajadas irónicas a cada una de las palabras que he escrito,
Indicando en silencio estos cantos y, luego, la arena en que
asiento mis pies.
Ahora sé que nada he comprendido, ni el objeto más pequeño,
y que ningún hombre puede comprenderlo,
La naturaleza está aquí a la vista del mar,
aprovechándose de mí para golpearme y para herirme,
Porque me he atrevido a abrir la boca para cantar.

3
Cierro con mis adversarios, los dos océanos,
Murmuramos juntos y nos lanzamos reproches,
haciendo rodar las arenas y los restos del naufragio,
sin saber por qué,
Estos jirones te representan a ti y nos representan a todos.
Playa deleznable llena de desechos,
Isla pisciforme, yo tomo lo que está bajo mis pies.
Lo que es tuyo es mío, madre mía.
También yo, Paumanok,
También yo he bullido, he flotado sobre lo inmensurable y he sido
arrojado sobre tus playas,
También yo no soy sino un objeto arrojado por el
mar sobre la playa, y un desecho,
También yo dejo en ti restos de mi naufragio, isla pisciforme.
Me arrojo sobre tu pecho, madre mía,
Me adhiero a ti de modo que no puedas rechazarme,
Te tengo firmemente asida hasta que me respondas algo.
Bésame, madre mía,
Tócame con tus labios, como yo toco con mis labios a los que amo,
Dame con un suspiro, mientras te abrazo
estrechamente, el secreto del murmullo que envidio.

4
Bajad, aguas del océano de la vida (ya volveréis en la pleamar),
No ceses en tus gemidos, vieja madre cruel,
Llora sin término por tus hijos abandonados, pero no temas,
no me niegues,
No susurres con voz tan ronca y colérica contra mí,
cuando te toco o me aparto de ti.
Os amo tiernamente a ti y a todos,
Hago provisión para mí y para esta sombra que nos mira
y nos sigue a mí y a lo que me pertenece.
Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres,
Espuma blanca como la nieve, burbujas
(Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin,
Ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan),
Manojos de paja, arenas, fragmentos,
Puestos a flote por muchos humores contradictorios,
Por la tempestad, la calma, las tinieblas, las olas embravecidas,
Pensativos, un hálito, una lágrima salobre, una salpicadura
de agua o fango,
Arrojados igualmente desde las fermentaciones
insondables del abismo,
Uno o dos capullos marchitos, desgarrados igualmente,
flotando sobre las olas a la deriva,
Igualmente para nosotros aquella endecha sollozante de la Naturaleza,
Nos acompaña el clangor de las trompetas de las nubes,
Nosotros, caprichosos, traídos acá no sabemos de
dónde, tendidos ante ti,
Tú, allá arriba, caminas o te sientas,
Quienquiera que seas, también nosotros yacemos
náufragos a tus pies.

Walt Whitman (1819-1892).


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As I ebb’d with the ocean of life

1
As I ebb’d with the ocean of life,
As I wended the shores I know,
As I walk’d where the ripples continually wash you Paumanok,
Where they rustle up hoarse and sibilant,
Where the fierce old mother endlessly cries for her castaways,
I musing late in the autumn day, gazing off southward,
Held by this electric self out of the pride of which I utter poems,
Was seiz’d by the spirit that trails in the lines underfoot,
The rim, the sediment that stands for all the water and all the
        land of the globe.

Fascinated, my eyes reverting from the south, dropt, to follow
        those slender windrows,
Chaff, straw, splinters of wood, weeds, and the sea-gluten,
Scum, scales from shining rocks, leaves of salt-lettuce, left by the
        tide,
Miles walking, the sound of breaking waves the other side of me,
Paumanok there and then as I thought the old thought of likenesses,
These you presented to me you fish-shaped island,
As I wended the shores I know,
As I walk’d with that electric self seeking types.


2
As I wend to the shores I know not,
As I list to the dirge, the voices of men and women wreck’d,
As I inhale the impalpable breezes that set in upon me,
As the ocean so mysterious rolls toward me closer and closer,
I too but signify at the utmost a little wash’d-up drift,
A few sands and dead leaves to gather,
Gather, and merge myself as part of the sands and drift.

O baffled, balk’d, bent to the very earth,
Oppress’d with myself that I have dared to open my mouth,
Aware now that amid all that blab whose echoes recoil upon me I
        have not once had the least idea who or what I am,
But that before all my arrogant poems the real Me stands yet
        untouch’d, untold, altogether unreach’d,
Withdrawn far, mocking me with mock-congratulatory signs and
        bows,
With peals of distant ironical laughter at every word I have written,
Pointing in silence to these songs, and then to the sand beneath.

I perceive I have not really understood any thing, not a single
        object, and that no man ever can,
Nature here in sight of the sea taking advantage of me to dart
        upon me and sting me,
Because I have dared to open my mouth to sing at all.


3
You oceans both, I close with you,
We murmur alike reproachfully rolling sands and drift, knowing
        not why,
These little shreds indeed standing for you and me and all.

You friable shore with trails of debris,
You fish-shaped island, I take what is underfoot,
What is yours is mine my father.

I too Paumanok,
I too have bubbled up, floated the measureless float, and been
        wash’d on your shores,
I too am but a trail of drift and debris,
I too leave little wrecks upon you, you fish-shaped island.

I throw myself upon your breast my father,
I cling to you so that you cannot unloose me,
I hold you so firm till you answer me something.

Kiss me my father,
Touch me with your lips as I touch those I love,
Breathe to me while I hold you close the secret of the murmuring
        I envy.


4
Ebb, ocean of life, (the flow will return,)
Cease not your moaning you fierce old mother,
Endlessly cry for your castaways, but fear not, deny not me,
Rustle not up so hoarse and angry against my feet as I touch you
        or gather from you.

I mean tenderly by you and all,
I gather for myself and for this phantom looking down where we
        lead, and following me and mine.
Me and mine, loose windrows, little corpses,
Froth, snowy white, and bubbles,
(See, from my dead lips the ooze exuding at last,
See, the prismatic colors glistening and rolling,)
Tufts of straw, sands, fragments,
Buoy’d hither from many moods, one contradicting another,
From the storm, the long calm, the darkness, the swell,
Musing, pondering, a breath, a briny tear, a dab of liquid or soil,
Up just as much out of fathomless workings fermented and thrown,
A limp blossom or two, torn, just as much over waves floating,
        drifted at random,
Just as much for us that sobbing dirge of Nature,
Just as much whence we come that blare of the cloud-trumpets,
We, capricious, brought hither we know not whence, spread out
        before you,
You up there walking or sitting,
Whoever you are, we too lie in drifts at your feet.


Walt Whitman (1819-1892).